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Gafas de cerca

Tacho Rufino

jirufino@grupojoly.com

Caceroleros muy como Torra

En estas jornadas infaustas de muerte y dolor, la infantería 'anti-Sánchez' practica el culto al enemigo

Hace unos días, en un barrio caro, que es donde se siguen realizando las caceroladas anti-Sánchez, un vecino hizo altavoz con sus manos y gritó desde su ventana, entre el estruendo de quienes emitían la bronca la app iCacerola: "Sois iguales que Torra, sois mezquinos con vuestro país, viva España". Burgueses odiadores, la antesala del populismo vestido a la española, en el que se concitan las clases más distantes, los extremistas se tocan. Al día siguiente remitió el caceroleo: quien tiene mucho que perder no gusta de broncas que se puedan evitar. Incluso otro parroquiano tiró de mayéutica e ironía -quizá ya en fase "majara confinado"- y puso a todo volumen el himno de la URSS desde su balcón.

Torra, ya saben, es uno que cosecha la desunión y el culto al enemigo, lo que no tiene que ver con ser catalán, sino con el odio, vicio que reduce todo a la nada de la pelusa del propio ombligo doliente. Gente enganchada a la dopamina de la ideología (que aquí consiste en buena medida en señalar y culpar al otro sin denuedo, aun en los momentos más estremecedores e inciertos que la mayoría de nosotros haya conocido). Es insufrible y descorazonador asistir a cómo se está a la que salta para atacar al Gobierno, e incluso exigir cárcel para medio Gabinete, apenas alcancemos el grial del pico de la epidemia. Como diría Torra, todo yo eres tú, execrable rival.

No haría falta apuntar que no hay duda de que si la derecha estuviera en el poder en estas jornadas infaustas de muerte y dolor, la oposición de los representantes de la izquierda sería tan dura y taimada -sin perder la oportunidad carroñera- como la del PP (y no; me malicio que sería más cruel, y tiren de hemeroteca a Sánchez o Iglesias cuando la pólvora con la que tiraban no era propia, como lo es ahora). Es patente que a un perfil como el del presidente superviviente le viene la crisis bastante larga… aunque ahí hay que verse. Por no hablar de las redes sociales, en los que el apostolado antigobierno -erre que erre, monocordio malayo- ha convertido a una página de postureo como Facebook en un frontón de baja política de lapidación pública, con verdades, mentiras o lo que haga falta, y por supuesto insultos espesos, como escritos con pijama de tres días. Quién quiere arrimar el hombro con prudencia y patriotismo de verdad, o sólo en silencio, cuando hay bilis que soltar, al modo del visionario Torra. Entre el aplauso a los sanitarios y las caceroladas, se encuentra el trayecto entre el amor y el odio. Y, si no todo, mucho de lo que necesitamos es amor.

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