La vida vista

Félix Ruiz / Cardador /

Bozales

SE ha convertido en un lugar común, dentro de los discursos más mesurados y conciliadores, decir que existen dos Cataluñas, la de los políticos y las polémicas territoriales y la Cataluña normal, la de la gente de la calle que acude a los bares a tomarse unas cañas, le cede el asiento en el autobús a las ancianas y no suele llegar a las manos con nadie se hable el idioma que se hable. Tal teoría se la he escuchado en los últimos días a varias personas y, aunque tenga algo de pretendidamente inocentona, no queda otra que compartirla en cierto modo pues tiene uno la sensación, por sus viajes y experiencias, de que algo tiene de verdad. De hecho, no sólo en el asunto catalán ocurre, sino que esto se extiende en muchísimos otros aspectos del tal modo que tampoco Córdoba es ajena a estos fenómenos. Quiero decir con esto que cuando el obispo de esta Diócesis sale, en esa misión de ariete contra los infieles que se ha propuesto o que le han encomendado, a cantar sus verdades del barquero y dar batalla dialéctica a la ideología de género y los socialistas le responden que lo mejor sería "ponerle un bozal" uno se pregunta que a quién demonios representa el polémico prelado y a quién sus más duros críticos -y también sus aplaudidores-. A mí, desde luego, me desagrada en extremo el tono de algunas de las cartas del obispo, claramente belicosas y en nada apaciguadoras, y lo del bozal me parece absolutamente lamentable, vil. Ellos, uno y otros, son ellos y tengo claro que no representan a un nosotros, a esa gente de la calle que por lo general amanecerá hoy echando cuentas de cómo afrontar la dura cuesta de enero y no pendiente de tales diatribas envenenadas. Sus mensajes, sin embargo, se amplifican y acaban ocupando buena parte de los espacios más relevantes de la opinión pública dando a entender que nuestra sociedad es muy distinta de lo que en realidad es. Lo único bueno del asunto es que no viviremos en un lugar tan malo cuando el obispo puede libremente decir lo que quiere, del mismo modo que sus supuestos adversarios o el que esto suscribe. Tal vez los mensajes que lanzamos carecen hoy por hoy de valor y de riqueza, pero al menos sabemos que los canales de expresión están relativamente abiertos. Todavía no hay bozales, a Dios gracias.

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