Alfonso y Felipe han hablado: el canijo y espalda plateada, o lo que es lo mismo, el socialismo sevillano auténtico encarnado en ambos como tótem único -esto sí que es la máxima autoridad, quilla- han expresado con total claridad que institución, institución, institución. Que a parlar al Parlamento y que el relator a Parla. Que el daño que unos y otros le están haciendo al sistema democrático español puede ser irreversible. Que si esto va de bloques, mal vamos. Como esta vez suscribo lo que han dicho, y estoy absolutamente a favor del derecho de reunión y manifestación, por más que el trío lá lá lá esté cogiendo onda de oposición venezolana, y pasados de frenada no caben los tres en la curva, me voy a ir por los Montes Urales y les voy a contar algo que pasó el 1 de febrero en la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla, bendita alma máter.

Por iniciativa de la Honorable señora cónsul de Rusia en Andalucía -gracias doña Esther- y organizado por el Departamento de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales, participamos en un encuentro con cuatro antiguos diplomáticos -de la URSS y la Federación-, que a través de la Fundación Alexander Gorchakov buscan vías de encuentro para la normalización de las relaciones entre Rusia y Europa. Fue un diálogo libre y áspero; y radical porque tanto la mesa como el respetable fue directa a los temas raíz del desencuentro: DDHH, misiles nucleares, tratados de desarme, bases militares, intoxicación informativa, soberanía nacional, policentrismo. Escuchar hablar de misiles en Sevilla define el infantilismo político que vivimos en lo que ellos llaman el Occidente Colectivo: los misiles son tabú. Existen, están ahí, y no hablar de ellos lo único que puede ocasionar es que el asunto siga manejándose fuera del foco. Como también se debe hablar del resto de los asuntos. La UE post Brexit ha de avanzar hacia la unión política -hacienda, sanidad y ejercito común al menos-, dejando que Anglos y Sajones de ambos lados del charco sigan su camino por el cual la antigua colonia termine de ser de hecho metrópoli de las Islas Británicas. Es una cuestión de soberanía: Estados Unidos, Rusia, China e India jamás van a ceder un ápice de su soberanía nacional; las naciones Europeas están en la disyuntiva de avanzar hacia la unión política o entrar en un proceso de disgregación institucional que estamos viviendo en tiempo real.

Ver al presidente de mi país abordar el problema de Cataluña al margen de las instituciones me da pavor, ver a la oposición promover la movilización acusando al presidente de alta traición -felón, ¡voto a bríos!-, me reafirma en el convencimiento de que lo único que les importa es su tribu, su horda, su bloque. Tanto en aquí como en el planeta, si quieren bloques, cómprense un Tente. O un Exin Castillos.

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