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Bildu y ya

Al Gobierno no le queda más remedio que levantar la tapadera de la olla a presión social

Corremos el peligro de acostumbrarnos a las contradicciones del presidente Sánchez y perder, por el empacho, el sentido crítico y la visión de la jugada. Sobre todo, cuando las incoherencias no se dan en los discursos, que quedan muy patentes tirando de hemeroteca y montaje audiovisual, sino en los actos de gobierno. Hemos visto que el presidente pactaba con Bildu (¡con Bildu!) para que no peligrase la aprobación del estado de alarma para el que ya tenían los votos, porque su prioridad es, nos dijo cariacontecido, salvar vidas. Vale. Dos días después, sólo dos, va y anuncia Sánchez que dentro de nada habrá comunidades autónomas que puedan salir ya del estado de alarma. El volantazo es errático, como todo, pero es que encima ha pactado con Bildu para nada, y mercadeando con el mercado de trabajo, además, con lo delicado que es eso.

La explicación más rápida, por la que optaría Ockham con su navaja (y la que, cuando ya tenía escrito el artículo, he visto que es, literalmente, la que prefiere el PP), es que el Gobierno va como un pollo sin cabeza. Nosotros somos más de Aristóteles y pensamos que toda acción debe responder a una finalidad. ¿A cuál? Hay dos respuestas, una pesimista y otra optimista.

La peor es que la debacle económica que se avecina vaya a ser tan grande que el presidente ha decidido abrir ya mismo lo que aún se pueda salvar. ¿Eso no podía saberlo hace dos días?

La optimista es que Pedro Sánchez me lea. Hace nada dije en un artículo que las protestas contra su gestión no iban a parar por muchas amenazas que dejasen caer Iglesias y Marlaska (que las dejaron, no lo olvidemos). Mi consejo a Sánchez y a Redondo era que abriesen el puño del estado de alarma, para rebajar la tensión sin parecer que se rendían. Que le quitasen la tapadera a la olla a presión, vaya, que no es una metáfora con mucho glamour; pero es lo que han hecho, no porque me lean, qué va, sino porque, tal y como están las cosas, no tienen margen para nada más.

Tan poco margen, que no van a poder prolongar su estado de alarma ni para cubrir un poco el acuerdo con Bildu ni para imputar alguna recaída a la convocatoria de Vox o a la irresponsabilidad ciudadana. Lo hacen por las dos razones a la vez: la económica y la política, que se refuerzan mutuamente. Esperemos que la epidemia sí nos dé un margen, porque la desescalada va a ser cada vez más vertiginosa y al filo de la navaja de Ockham.

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