En el tejado

F.J. Cantador

fcantador@eldiadecordoba.com

Bendita otra vida

Un solo de batería contundente rompe el silencio y prepara los oídos para las primeras estrofas de Vengo a terminar lo que empecé, que llegan tras un bajo inquietante y unas guitarras que suenan de cine. Así comienza el último disco de los 091 -los Cero para todos sus fieles seguidores- , el grupo granadino -compuesto por José Ignacio García Lapido (guitarra), José Antonio García (voz y armónica), Tacho González (batería), Víctor García Lapido (guitarra) y Jacinto Ríos (bajo)- que un día se levantó como Lázaro de entre los muertos del rock para hacernos creer que existe la resurrección. Un grupo que siempre ha tenido mucho más estilo y arte que suerte. He de confesar que los 091 en concierto siempre me parecieron un grupo diferente a todo lo que había visto y escuchado , con un rock honesto que huía de ser lo políticamente correcto -comercialmente hablando- que incomprensiblemente para el arte musical pedían las discográficas, pecado que luego les pasó factura hasta llevarlos a la separación en 1996. Me enganché a sus melodías y a esas letras poéticas únicas [tan únicas como único es quien las compuso, José Ignacio García Lapido], con el LP Doce canciones sin piedad, de 1989, el cuarto de la discografía de la banda. Con ese disco sonando en el coche acudí ese verano de 1989 a verlos por primera vez actuar junto a Héroes de Silencio -que presentaban El mar no cesa- en Villanueva de Córdoba. Desde entonces siempre los seguí hasta que llegaron esos dos últimos conciertos en los que sellaron lo que iba a ser la muerte del grupo.

Los Cero se despidieron de la afición en 1996 con un par de recitales en Maracena (Granada), que quedaron grabados en vídeo y CD bajo el título Último concierto, disco que posiblemente esté en la actualidad descatalogado, por eso de que siempre huyeron de modas, algo que esa manida industria de la música no perdona; fue algo incomprensible musicalmente hablando. Y es que hay momentos que son indisolubles a las bandas sonoras con las que se ha vivido, momentos que rememoras cuando vuelves a escuchar esas canciones. Recuerdo ahora aquella boda a la que llegué tras ver en TV ese concierto y mientras compartía el ágape postnupcial hice apología del ceronoventayunismo, una apología en la que dejé ver mi frustración repitiendo una y otra vez que no entendía por qué un desinterés cada vez mayor por parte de las discográficas había condenado a la separación a una de las bandas "más auténticas del panorama musical nacional". Lo cierto es que aquel discurso de quien daba a la banda por perdida sirvió para sumar más adeptos al ceronoventayunismo. Luego llegó la inesperada resurrección, que se prolonga ya unos años -y que sean muchos más-. Ahora, muy vivitos y coleando se les va a poder ver en Córdoba otra vez el 9 de julio. Será en la Axerquía con ¿lleno total?

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios