En el tejado

F.J. Cantador

fcantador@eldiadecordoba.com

Bello retrato hinojoseño

De vez en cuando la vida, como repetía esa canción clásica de Joan Manuel Serrat, nos besa en la boca y a colores se despliega como un atlas, nos pasea por las calles en volandas y nos sentimos en buenas manos. De vez en cuando la vida te sorprende con cosas que parecen pequeñas y sencillas, pero que en realidad no son para nada pequeñas, ni para nada sencillas. Ese verso del cantautor catalán y la posterior reflexión que lo acompaña me vienen como anillo al dedo para explicar mi experiencia con El sargento Barbancho, una novela negra firmada por Eduardo Rodríguez, ambientada en su pueblo, Hinojosa del Duque, en concreto, en la Hinojosa de principios del siglo XX. Su sinopsis ya hipnotiza -por su gran intriga detectivesca- incluso a quienes, como un servidor, últimamente tienen la mala costumbre de devorar pocos libros: una muchacha es asesinada y la Guardia Civil investiga el crimen con el noble sargento Barbancho a la cabeza, un crimen del que se desconoce su autor hasta las últimas páginas de la historia. Pero no solo su sinopsis hipnotiza, todo en ella no deja a nadie indiferente. Eduardo Rodríguez, que como él mismo deja claro "no soy historiador, ni antropólogo, ni sociólogo", ha dibujado un bello retrato hinojoseño con una paleta en la que ha mezclado a la perfección historia, monumentos, patrimonio, costumbres, gastronomía...y demás detalles que convierten a su pueblo en único.

He de confesar que devoré la obra en solo tres días y no creo que fuera porque su lectura coincidiera prácticamente con el periodo del año en el que se desarrolla la trama, a finales de agosto, durante los prolegómenos y el inicio de la feria en honor a San Agustín, sino porque la historia que cuenta Eduardo Rodríguez me llevó a lugares que me son muy familiares hasta acabar, como canta Serrat, desplegándose a colores en mi mente como un atlas, y pasearme por calles, parajes y rincones de Hinojosa en volandas, indudablemente haciéndome sentir en las mejores manos, las de alguien que se ha trabajado durante años la novela. Y también me acabó atrapando porque en ese su homenaje a las generaciones colodras previas, Eduardo Rodríguez, disecciona a la perfección lo que era la vida de antaño en su pueblo -una vida única y a la vez parecida a la de otros pueblos- convirtiendo al lector en viajero del tiempo, lujoso espectador de los hechos históricos que atesoran esas páginas que cuentan las aventuras de ese sargento cuyo apellido es tan identificativo de la tierra. Como explica el autor, Barbancho es un apellido no elegido al azar, es habitual en Hinojosa y muy raro en el resto de España, donde lo ostentan menos de 2.000 personas. Un sargento único, como la obra, y como ella, con denominación de origen.

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