En medio de la mayor crisis que hemos conocido los que rondamos el medio siglo de edad, los representantes de la Antiespaña han decidido que lo mejor que se puede hacer es presentar una moción de censura para mayor gloria del presidente del gobierno, según dicen los guruses más acreditados. Hace dos años y dos semanas les decía por aquí que La Voz se podía convertir en Operación Triunfo y -si bien no le han dado los números en España- a día de hoy numerosos gobiernos regionales y municipales dependen de la exclusiva voluntad del Conde-Emir de Pinar del Rey. No sabemos si con esta astracanada moción de censura han tocado techo los voceros y va a quedar todo en una antoniohenandezmanchada, o sí, por el contrario, se trata de otra etapa que quema el cohete antes de entrar en órbita.

Ya les dije en las últimas elecciones generales -o en las penúltimas- que la principal ventaja que tenía Pedro El Bello frente a sus rivales es que no teníamos que imaginarlo de presidente del gobierno porque ya lo era, y que se hacía muy difícil el ejercicio con los demás. De los demás, uno hoy es el increíble vicepresidente segundo de nosequé; otro, después de la mayor cagada de la política nacional en lo que llevamos de siglo, se supone que codirige una cosa que ahora se llama nosequé & Rivera y mañana podría llamarse and Ferrero-Rocher y Pumuki Abogados; el genovés, situado en principio en posición de salida, sigue siendo inimaginable incluso para los más fiables de entre los suyos, y no me refiero estrictamente al sorayismo; nos queda Santiago y cierra España, con su pecho de lata, su botón de la americana a reventar, su masa muscular, pipa y testosterona, y esa barbita que él -que no hizo la mili- cree de tercio de Flandes y no da ni para visir de sátrapa ganadero de cabras legionarias en montes iraníes, con toda esa chulería de los que no tienen pelos en la lengua, con esas verdades incómodas que nadie se atreve a decir, con ese cabreo constante y con esa capacidad de explicar simplemente quién es el culpable de todos nuestros males.

Con todo eso y mucho más -tiempo habrá de ir desgranando- cada día cuesta menos imaginarlo como presidente del gobierno de España, y esos 298 votos en contra lo sitúan exactamente donde quería: a contracorriente y en solitario. Ese es el terreno más favorable para cohesionar su cuerpo electoral y salir a la caza del voto del cabreo, y como el cabreo va en aumento, el caladero crece. No sólo son fascistas, además hay neonazis, católicos nacionalistas españoles, anarcocapitalistas, obreros vendidos de saldo por los suyos, maderos y picoletos, abogados del estado, terraplanistas, una masa ingente de chavalería con los tobillos al aire y poco que perder, y mucha gente normal, esa que aupó a Rajoy y que éste invocaba por activa y por pasiva. Todos sabemos, y el Conde-Emir el primero, que esos 298 votos en contra, jamás van a votar juntos a favor de nada, y ahí se sitúa la ganancia de este campeón de la paguita.

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