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No, no les voy a hablar de la tercera gira conjunta de Sabina y Serrat, sino de la recomposición de la izquierda en Andalucía. Con distinto estilo, y muy diferente ritmo, Antonio Maíllo y Teresa Rodríguez han tomado nota de la derrota de la izquierda en diciembre de 2018; falta Susana Díaz. Entre el PSOE, Podemos e Izquierda Unida perdieron 700.000 votos el 2-D. No caben paños calientes, fue un fracaso en toda regla de cuyas secuelas todavía seguimos teniendo noticias. Maíllo, el mejor orador del Parlamento andaluz y líder de Izquierda Unida, dejó sus cargos de coordinador regional de IU y diputado en junio, siete meses y medio después de la debacle. Adelante Andalucía, la plataforma con ambiciones de partido andalucista de izquierdas, sacó 300.000 votos menos de los que consiguieron Podemos e IU cuatro años antes, cada uno por su cuenta.

Ocho meses después de la elegante marcha del profesor de Latín a su instituto de Aracena, Teresa Rodríguez está escenificando una extraña falsa salida de Podemos. Ha representado un divorcio guay con Pablo Iglesias. La izquierda poscomunista es tan hipócrita como la derecha capitalista. Teresa y Pablo se detestan, pero ahí están los dos en un vídeo naíf explicando la separación al modo barrio sésamo, para que no se depriman los inscritos y las inscritas: que se siguen teniendo cariño, pero tienen diferencias, que no se dicen adiós sino hasta luego, que es triste por todo lo vivido en común pero hermoso por separarse así de bien.

Detrás de tanto algodón habrá mucho papel de lija. Rodríguez lo que intenta es un movimiento tránsfuga masivo; se quiere quedar con los once escaños que sacó Podemos el 2-D y con la marca Adelante Andalucía inscrita a medias con IU. Y pretende montar una organización nueva bien distinta a la que comanda el compañero de vídeo con el que se abraza y del que se separa. Ella considera el Podemos de Pablo "muy madrileño, muy masculino, muy universitario y muy de clase media". Así de mono ha dejado a Iglesias, tachado finamente de centralista, machista y elitista, sobre la marcha. La dirigente gaditana quiere un partido feminista, andalucista, anticapitalista… Tal parece que una especie de CUP andaluza.

Y tras la airosa salida de Maíllo y el "me voy, pero me quedo con el negocio" de Rodríguez, falta por ver qué hace el PSOE regional, que el 2-D perdió 400.000 votos. Se da la circunstancia curiosa de que tanto Susana como Teresa dijeron que sus votos perdidos no se habían ido a ninguna otra opción; se habían quedado en casa. Imposible. La cuenta a trazo grueso fue que se perdió un millón de votos, contando los 300.000 que bajó el PP. Y fueron 300.000 a la abstención, otros 300.000 a Cs y 400.000 a Vox. En algún momento en el PSOE echarán cuentas y pasará algo: o ratificación del precario liderazgo de Díaz o relevo. No hay dos sin tres.

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