Decíamos el año pasado a éste, vente, vente y se ha venido 2020 con un pelote de retos que tenemos que afrontar como país en esta década que empieza cuando ustedes digan, pero que indudablemente se inicia en el año 70 B.P. (Before Present, Antes del Presente), es decir que terminamos la séptima década después del presente, según las curvas de calibración para datación por radiocarbono, es decir el año + 70 después del presente, para decirlo en positivo. Les cuento todo esto para que sean plenamente conscientes y de una vez por todas, que la humanidad lleva siete décadas viviendo en el futuro y que todos los avances producidos desde entonces unas veces son ciencia y otras son ficción y es muy difícil dilucidar si es una cosa u otra.

El futuro es así, como esta columna, que no sabe uno si lo que les cuenta es ciencia, ciencia, o cuento chino. Como son un pelote gordo de retos vamos a tirar del estilo de Illinois, A. S. Humphrey mediante, y con mucho SWOT, vamos a escoger cuatro, uno por categoría y así le damos un barniz de ciencia a esta fábula. La principal debilidad es sin duda la política. Estamos perfectamente representados por una clase política débil y dependiente: débil sobre todo en su pensamiento, y dependiente más que nada, de la propia actividad política, el círculo vicioso de la cooptación ha sacado de la agenda los temas verdaderamente importantes, que se cuelan por el sumidero, mientras sólo vemos la sucia espuma que nos brinda el continuo agitprop. Nuestra mayor fuerza somos nosotros mismos como conjunto de individuos: ese Pueblo Español -we, the people- es una maravilla resistente, solidaria, esforzada y talentosa, que resuelve y asombra donde quiera que va; somos la verdadera mano invisible que sujeta todo esto y no por las causas de Adam Smith, cuyo análisis hace honor a su nombre. La amenaza principal no es tanto el brexit en sí -luego les cuento- como la City de Londres y su reacción al mismo; simplificando mucho: la UE se quiere lavar sus partes en un bidet infestado de pirañas, habiendo cerca arroyos por explorar.

Y aquí llegamos a la gran oportunidad, en vez de llevarnos bien con todo el mundo, especialmente con la prole de las hetairas -como ha dicho un querido vate por ahí, en digital- evaluar los hechos de cada cual, ver el hueco que Alemania está dejando, sentarse en la mesa de los mayores para resolver lo de Ucrania y pivotar como enlace entre el mercado euroasiático e iberoamericano, que es nuestro espacio natural. Y a los ante los hijos de la Gran Bretaña y sus colonias, disimular si es preciso, pero tratarlos como lo que son.

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