La esquina

josé / aguilar

Aznar reescribe la historia

PERSONAJES de la entidad de Felipe González o José María Aznar nunca se van del todo. Aunque lo digan, no terminan de aceptar que su mando ha acabado ni asumen de verdad que sus sucesores no sigan al pie de la letra sus planteamientos ni les pidan siquiera consejo. Se quejan de que son "jarrones chinos" que nadie sabe qué hacer con ellos. En realidad se creen maltratados.

Miren el último desplante de Aznar a Rajoy. Responde por completo a este síndrome del ex presidente, aunque se reviste de graves divergencias con la política del Gobierno actual: sobre los impuestos, sobre el conflicto de Cataluña y sobre la gestión del conflicto vasco tras la derrota de ETA.

A este último asunto se ha aferrado Aznar dibujando un panorama tenebroso en el que la blandenguería de Rajoy está provocando, según él, que el terrorismo imponga su relato, los terroristas salgan de la cárcel sin arrepentirse y entren en las instituciones con disfraz de corderos. Un discurso que prende porque está abonado por el sufrimiento inacabable de las víctimas de ETA.

Para justificar su postura el ex presidente está reescribiendo la historia de los años de plomo precisamente cuando no hay plomo. Este Aznar tronante contra la obligada aplicación de la doctrina Parot e insinuante de que Rajoy ha negociado con la banda terrorista es el mismo que mandó una delegación de su Gobierno a negociar con ETA, la llamó en público con el nombre que usaban los propios canallas (Movimiento Vasco de Liberación) y se declaró, también públicamente, dispuesto a ser generoso con los terroristas si aceptaban abandonar la violencia. Fue justo que lo intentara, como lo fue Felipe González cuando también lo intentó.

Luego Aznar puso en pie una política antiterrorista más dura y eficaz que, con la colaboración del PSOE, ha sido decisiva para acabar con el terror. Pero la vía de la negociación la transitó. También aflojó la política penitenciaria sobre ETA en el momento en que creyó sincera una de las treguas-trampa de la organización terrorista: el mayor número de presos etarras acercados a cárceles del País Vasco se registró durante su mandato. El ministro del Interior era, por cierto, Jaime Mayor Oreja. El blandengue Rajoy, en cambio, no ha trasladado etarras ahora, cuando ETA no mata.

Agrupémonos todos en la tarea de la desaparición final de ETA y la defensa de la dignidad y la memoria de las víctimas. Pero sin la desmemoria de reescribir la historia.

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