Sepan todos ustedes que a Sánchez esto de los indultos le va a costar entre cero y ningún voto. Cuando llegue la hora de votar allá por 2023, esto de hoy será el jurásico político, la sedición del uno de octubre del 17 será paleozoico anterior y Casado, si llega vivo, un anciano político a punto de descubrir que ningún casado manda nada en España. Es más, cuando llegue el momento, ya se habrá propagado la especie de que fue una medida valiente, solidaria, reconciliadora, una medida de altura, acorde con la altura de su alteza, cabeza de esta suerte de monarquía presidencialista que vemos surgir de los bajos de la Moncloaca y que lo está poniendo todo perdido todo el tiempo. Abandone toda esperanza aquel que anhele solidez no ya en las instituciones, sino en cualquier faceta de su vida; Bauman hablaba en el 99 de modernidad líquida y a algunos nos parecía una exageración; ahora, aquella liquidez social que nos parecía inaceptable sería más que aceptada, deseada, por más turbulenta que viniera.

Y es que ahora vivimos una suerte de posmodernidad gaseosa, inaprehensible fuera de los círculos de poder, inexplicable desde la lógica racional, inefable, excepto para los que tenemos palabras, insípida, incolora pero no inodora: apesta. Ultraposmodernidad cuesco la podríamos llamar; una época en la que la tensión clásica entre doctrina, estrategia y acción política, la diferencia entre lo que se quiere, la coyuntura y la limitación de la intervención política han saltado por los aires. No se trata ya de "la consigna correcta en el momento concreto", mantra leninista que trasciende la interpretación marxista de la realidad con el propósito de intervenir en ella; no es "cabalgar contradicciones" ni "andar entre precipicios" para acceder al poder; se trata de crear un universo paralelo, imaginario e irracional, injertarlo en la realidad y regarlo con los sentimientos adecuados sacados del bigdata de las redes sociales, abonarlo con los hábitos de consumo extraídos del comercio online, y cosecharlo en forma de votos cuando llegue su momento. Impossible is nothing, just do it, política niké, con acento en la e: vencer como único horizonte.

Garamendi tonto no es, y por eso no va a dar una batalla que sabe perdida; por eso y porque sabe que viene paz social y su gestión da mucho brillito; por eso y porque sabe que en un par de trimestres la economía va a ir como una moto y entre el rebote y el dopaje durante un tiempo -no sabemos cuánto- va a llegar pasta a todos los rincones; tanto set y partido para el Bello líder, que -como Nadal- gana siempre, pero sin darle a la bola. Ni falta que le hace.

Imposible es nada, sólo hazlo. ¿Quieres república catalana? Autodeterminación ¿País Vasco independiente? Autodeterminación ¿Triana, puente y aparte? Autodeterminación. ¿Quieres cumplir condena en la cárcel de mujeres? Autodeterminación ¿No te da la marca para las olimpiadas? Autodeterminación ¿No pasaste la prueba física, bombero? Autodeterminación y, con más manguera que el camión, serás bombera.

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