Querido votante, que vives ahí dentro: sabrás que todo está listo para que empiece el baile. Como acostumbras, acudirás otra vez a las urnas, porque no has faltado ni una vez. Te supongo ahora aún tranquilo, examinando las opciones que tienes a tu alrededor. Más o menos, tienes ya claro lo que vas a hacer, aunque en esta ocasión, me tienes despistado, tengo que reconocértelo. He seguido contigo algunas de las cosillas que de vez en cuando has dicho y no tengo dudas de que estás bastante descorazonado en general y mucho en particular con los que han tenido la oportunidad y la responsabilidad de dirigirnos hasta el momento. Pero, claro, como las novedades novísimas de este embrollo, que debería ser festivo y no tan problemático como es, son los bloques, me pierdo un poco. Igual serán los detalles los que fijen al final las posiciones.

De esos detalles que te refiero, hay algunos que me han llamado la atención y quizás te haya pasado a ti también. Mira, sabes que hay una mujer en Cataluña que ganó las elecciones a los independentistas el año pasado, esas que hubo después del 155. Vale, ya sé que no sirvió para nada. Ganó pero no gobierna, porque los demás suman más escaños que el resto y las matemáticas parlamentarias son así. Pero ganar, ganó. Y no me dirás que eso es poca cosa. Inés se llama. Va por los de Ciudadanos. Arrimadas. A mí me gusta.

La he visto varias veces en la tele, batiéndose el cobre a base de bien. Normalmente es rápida y se presenta ante el respetable con bastante fuerza. Fíjate, ahora que todo el mundo parece estar muy flojito en contenidos, ella me da la impresión de ir más sobrada que el resto: me parece creíble y sólida, no lleva papeles cuando habla y no los pierde. Eso es ya es mucho más de lo que hay por ahí. Bueno, esa mujer, te digo, se va para el Congreso en estas elecciones.

Inés Arrimadas posiblemente sea de lo mejor que tienen en Ciudadanos para ofrecer a la gente y la decisión comporta un riesgo grande de doble carácter: que no salga bien, y desvistan un santo para vestir otro, y que no digieran cómodamente el eventual coche de trenes de dos liderazgos fuertes. Pero no me negarás que se han arrimado, que han sido valientes, porque van con todo para intentar cambiar el rumbo de esto. Eso es un valor, en mi opinión. Pase lo que pase, para que pase algo. Y, al final, quizás sean los detalles, como te comentaba.

Los retos, querido, plantean alternativas: enfrentarlos con arrojo, arrimándose al peligro con el ánimo de sortearlo para bien, o amarrarse a lo que parece más seguro, resistir, esperando que pase el temporal, sin parar de soplar al viento, y seguir de pie después porque los demás se hayan caído. Entre una cosa y otra, lo nuevo, aquí, es lo primero. Por si te sirve. Ya te voy escribiendo de aquí a entonces. Mientras, sigue bien, a pesar de todos nosotros.

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