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Cambio de sentido

Apunta mi nombre

Lo que más gusta a un nostálgico del totalitarismo es su libretilla, hacer listas, el encanto de dar miedo

Puestos a pedir, a Serrano y su cuadrilla sólo les falta exigir que se instituya en la Junta la figura de El tío de la lista, para que apunte en colorao a todo el que trabaje contra la violencia de género. Después le ampliarían los encargos, como en aquel viejo poema de Niemöller: comunistas, socialdemócratas, sindicalistas, y después vendrían a por mí. Ya conocen la última astracanada de nuestra ultraderecha: ha pedido nombres y apellidos de quienes trabajan en la Junta contra la violencia machista. Porque -ya saben- a luchar, con la ley en la mano, contra quienes ejercen, validan y consienten el terror, la sumisión y la matanza de mujeres por el mero hecho de serlo, ellos lo llaman "alta ideologización" de género". En estos días, en los que recordamos el 23-F, hemos podido leer en este su diario las listas negras que la ultraderecha elaboró con 3.000 objetivos en toda España, entre los que se encontraban Carmen Hermosín, Antonio Gala, Francisco Ayala, Delibes, Alberti o Isidoro Moreno (a quien leemos en ocasiones en esta página). Lo que más le gusta en este mundo a un nostálgico del totalitarismo de cualquier signo es su libretilla -o tablet-, su depuración, el encanto de dar miedo, la amenaza velada de borrar del mapa, literalmente si es posible, a quien se desmande un poco. Ese es precisamente el objetivo de las listas negras, frente a otros registros útiles para la comunidad, como el de retribuciones de altos cargos o la circular roja de la Interpol.

Ante semejante alarde de la ultraderecha, mucha gente ha respondido con el lema Apunta mi nombre, rescatando así el autoseñalamiento colectivo como forma de lucha contra este tipo de intimidaciones. Como gesto, el amago de la derechísima tiene forma de aviso: aquí estamos. Lo que más interesa de la respuesta es que lo nominal, cada nombre y apellido que se suma, es una manera de decir que somos incontables, proteicas, ignotos, perfectamente diversas, polimorfos, enjambre y que, ni una por una ni la sociedad en su conjunto, vamos a permitir ni un paso atrás. Incordia tener que echar cuentas a estos expertos del embestir, más aún cuando sospechamos que hacen estas bravuconadas como estrategia para que se hable de ellos, aunque sea mal (naming se llama la cosa en marketing político). Pero no podemos dejarlas pasar, una tras otra, hasta que, de aquí a poco, se vea como normal hacer listas con quienes trabajan contra la violencia machista. "Seguro blanco -dijo el gran poeta-ofrece el pecho mío".

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