EL DÍA DE CÓRDOBA En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Día 1: de 674 a 1.231. España es lo peor. Da igual cuando lea usted esto. Si entramos todos en pánico es lo mejor para la sociedad en su conjunto. Gente inteligente que va al Mercadona. Cuando las cosas son exponenciales van muy rápidas. Hay que estar alarma. Dos tipos de personas. Ganar las batallas y ganar las guerras. Ir en contra de la mayoría. La peor crisis de nuestras vidas. El silencio como vacuna.

Día 2: de 1.231 a 1.695. Ha llegado el primero a la ciudad. Italiano. No leas como están en Italia que es muy duro. Ya leo yo por tí. Luego el segundo en Ave desde Gerona. Otro acierto salir a tiempo de Cataluña. Gente inteligente que va al Mercadona. Compran lejía y suavizante. Y papel ojal. Mucho. Compro pimientos y los frío.

Día 3: de 1.695 a 2.277. No soy médico, pero sé de matemáticas, que es lo que importa en una crisis así. El mercado es lo más eficiente. Gente inteligente que va al Mercadona porque les han cortado el grifo de pedir por Internet. La peor crisis desde la II Guerra Mundial. Piel fina, jamón y parques de bolas. Que amargo es tener razón. ¡Solución asiática ya!

Día 4: de 2.277 a... En Milán, ocho de un cien ignoto: lo desconocemos, somos ignorantes. Pero ya saben, hay que estar alarma, entrar todos en pánico es lo mejor para la sociedad en su conjunto. El mercado lo regula mejor. Primera víctima en el grupo, una de ocho, un doce y medio si fuéramos cien, un veinticinco si cae la segunda baja, que está a un clic. Cuando las cosas son exponenciales van muy rápidas. Pero lo suyo es aguantar. Bueno es saber pedir perdón, pero lo bonito es saber contar que se ha pedido: alivia más. Lo de los toros desde la barrera. Me alivia que desde el centro del ruedo se piense de otra manera y se omita la opinión. No se puede torear y opinar a la vez. Los comentarios para Matías Prats. La salida como profilaxis.

Día n: he perdido la cuenta, la batalla y la guerra: las mejores letras nacen de las pérdidas y deben carecer de cualquier utilidad.

Es sábado, creo, y lo único que se me ocurre para cerrar esto son las palabras que Killroy nos escupió bajo su Stenson del séptimo: "¿Hueles eso? ¿Hueles eso, muchacho? Napalm, hijo. Nada en el mundo huele así. Me encanta el olor del napalm por la mañana. Una vez durante doce horas bombardeamos una colina y cuando todo acabó, subí. No encontramos ni un cadáver de esos chinos de mierda. ¡Que pestazo a gasolina quemada! aquella colina, olía a… victoria. Algún día acabará esta guerra".

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