Salgo a la calle y me pega el sol fuerte en los ojos, los entorno, respiro y noto cómo entra el aire frío. Es un aire nuevo, prístino, virgen, a estrenar; un frío limpio que me llega hasta lo más profundo de los pulmones y me llena de gozo como cuando le metía yesca a un habano bien torcido de los que me traía Nacho cuando volvía de Cuba, de los que le entregó para mí el gran Gabino Cid a mi hermano cuando su luna de miel, de los que nos regalaba el delegado en la Costa del Sol de Habanos SA gracias a Don Ernesto cuando el tiempo verdadero, pero sin humo, sin beber, sin sobremesa de por medio, ni siquiera con resaca. Ha sido salir a la calle, poner la cara al sol, respirar y disfrutar de la novedad del año. Deslumbrante. Luminoso. Nuevo.

Esta mañana de repente me he sentido de nuevo un hombre libre entre Antón de Montoro y prolongación de Escañuela con mi bolsa de basura en la mano. Feliz. Mi bolsa huele a cáscaras de gamba de ayer y el contenedor a contenedor profundo, con esa profundidad que mi compadre conoce y que yo llevaba meses sin percibir. Todo es nuevo y reluce mientras camino a hacer los recados propios de mi sexo y condición. Menos las miradas de la gente que me cruzo por la calle porque -ese es el tema- voy sin mascarilla. Y ahí se acaba la novedad: al carajo el gozo, el disfrute y la algarabía. Además, sin gafas de sol, ergo, de luminoso, nada. Pasa el año pero la mierda sigue. Cagao miraba desde el burladero echarse a morir al veinte, y aquí me tienen de nuevo mirando al veintiuno saliendo por chiqueros, acojonado perdido después de haber pegado una calaíta de aire frío y puro al lado del contenedor de Sadeco de mi calle, que hasta la estatua de Don Bosco parece descojonarse de mi canguelo de abuela, con lo que yo he sido.

Pero ahora soy padre y estoy viendo de cerca el miedo y la angustia de los hijos de otro y no me ajunto con nadie hasta que llegue la vacuna, si es que hay para todos los que no sean alemanes, que ya quisiera yo que me la diera Merkel por carta de naturaleza, la vacuna y el pasaporte tudesco, aunque fuera de alemán del este pegando con Polonia. Imagínense: Piqueras como símbolo de la nueva Alemania. Deutschland, Deutschland über alles, Alemania -ya saben- por encima de todo, alemanas mujeres, vino alemán, qué maravilla. No voy hoy aquí a disparar al pianista por querer ser, y ser español, por mí como si desde ahora mea apuntando a la pérfida Albión, mirando a Cuenca o cara al sol, que dice Pablo Iglesias Turrión que en España vuelve a amanecer.

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