Análisis

la gloria de san agustín

De vuelta

Pues ya estamos aquí, que se me ha pasado el mes de agosto como un suspiro, que ni nos hemos enterado y vaya mes bueno que hemos tenido, pero tela de bueno. Y eso que hemos tenido calor a espuertas, pero vamos, el que no hemos tenido en julio, que hemos tenido doble ración, una cosa mala, aunque allí arriba ha sido menos, según me cuentan. Es que como ya les conté a finales de julio, Cayetano y yo nos hemos pasado casi todo el mes de agosto en Las Jaras, en la parcela de nuestro amigo Joaquín, que nos dijo que nos subiéramos para que le atendiéramos los animales y el huerto que tiene allí, mientras él estaba en la playa con su familia.

Les voy a decir una cosa, yo creía que no iba a aguantar ni tres días, que yo de campo soy lo justo, que me gusta mi ciudad una hartá, pero la verdad es que nos lo hemos pasado de lujo, pero tela, más de lo que yo nunca podría haber llegado a imaginar. Eso sí, vengo con tres o cuatro kilos más, que se me ha puesto una tripa que no veas, y es que hemos comido como leones, todo el día, una cosa mala, pero para eso también están las vacaciones, digo yo, que si hacemos siempre lo mismo ya ves tú la gracia. Eso de coger un tomate del huerto y comértelo es de esas cosas que todo el mundo debería hacer alguna vez en su vida, que menudo placer, y lo mismo digo con las sandías, con los melones o con los huevos, que no saben como los que nos comemos habitualmente, que no se parecen en nada, pero absolutamente en nada.

Nos hemos despertado muy temprano todos los días, antes de que apretara mucho el sol, para hacer las faenas del huerto y de los animales, y a eso de las once o doce ya nos hemos puesto a preparar la comida. Eso sí, siempre con nuestra tapita y nuestro vinillo fresquito por delante. Cayetano tiene buena mano con la cocina, que se le nota lo de vivir solo, que hace un salmorejo y una boronía, que no tiene nada que ver con el pisto, por cierto, que te quita el sentido, pero tela de bueno. Y luego nos hemos pegado unas siestas de campeonato, pero de horas, que no nos hemos terminado de despertar hasta que no nos hemos metido en la piscina. Todas las noches hemos puesto la barbacoa, aunque fuera para hacernos tres trozos de panceta, y luego a ver las estrellas y hablar de nuestras cosas, al fresquito. Así todos los días, que ni hemos encendido la tele, que cuando hemos bajado y nos hemos enterado de todo lo que ha pasado en nuestro Córdoba nos hemos quedado de piedra. En fin, que ya estamos aquí, con todas las consecuencias. Y sin piscina.

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