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Hay algo más aburrido que escuchar a otra persona contar sus sueños? Solamente escucharle contar sus anécdotas de drogas. Y eso es lo que propone Buen viaje: Aventuras psicodélicas durante su conciso pero interminable metraje: escuchar las experiencias psicotrópicas de un puñado de famosos, entre ellos Sting, Carrie Fisher, Ben Stiller, Anthony Bourdain y bastantes cómicos actuales, aunque el invitado más gracioso es, con diferencia, el rapero A$AP Rocky.

Se trata de un documental de Netflix. Y es que no hay semana en que la plataforma que está aprovechando el confinamiento mundial como nadie, no saque algún documental, pero uno sobre las drogas y sus efectos, sin tono didáctico ni demonizando su consumo, siempre llama la atención.

Lamentablemente todo se queda en una declaración de intenciones ya que, aunque no estamos ante una pérdida de tiempo ni ante un producto mediocre, sí que se trata de un documental que quiere tocar demasiados palos, quedándose en tierra de nadie y resultando una propuesta tan curiosa como olvidable. Buen viaje: Aventuras psicodélicas es una sucesión de entrevistas a artistas conocidos (otros quizás no tanto, y menos si no se es seguidor de la cultura cómica americana), como Ben Stiller, quien recuerda una divertida anécdota con su padre, Jerry Stiller, fallecido desgraciadamente el día que se estrenó este proyecto. "¿Desde cuándo estará grabado?", cabe preguntarse.

Las historias contadas en las charlas sobre rocambolescas experiencias con el LSD y otros alucinógenos se plasman mediante recreaciones animadas y una sucesión de sketches desternillantes que pretenden parodiar los vídeos didácticos que ponen en los colegios en contra de las drogas. Es en el recurso de usar animación y en las parodias donde radica su punto fuerte, ya que se nota que su propósito es entretener y divertir al espectador.

Pero su mayor acierto es también su talón de Aquiles, ya que se centra únicamente en buscar los momentos absurdos, descuidando el interesante debate que pone sobre la mesa, que no es otro que el uso de las drogas de forma medicinal, ya sea en pacientes terminales o con problemas mentales. Sin dejar de lado sus peligros obvios, que quedan claros desde el minuto uno mediante la forma de expresarse de sus interlocutores. Juzgar su consumo siempre está en la mano de cada persona.

En conclusión, un producto original y desenfadado que lamentablemente no da en la diana al fallar en su mensaje y obviando que hay que ofrecer algo de contenido, no risas vacías. Una pena, pero se deja ver. Eso sí, no apto para conservadores.

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