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Los negociadores del PSOE, José Luis Abalos (d), Adriana Lastra (2d) y Salvador Illa (3d), y de ERC, Marta Vilalta (i), Gabriel Rufián (2i) y Josep Maria Jové (3i), este martes en Barcelona. Los negociadores del PSOE, José Luis Abalos (d), Adriana Lastra (2d) y Salvador Illa (3d), y de ERC, Marta Vilalta (i), Gabriel Rufián (2i) y Josep Maria Jové (3i), este martes en Barcelona.

Los negociadores del PSOE, José Luis Abalos (d), Adriana Lastra (2d) y Salvador Illa (3d), y de ERC, Marta Vilalta (i), Gabriel Rufián (2i) y Josep Maria Jové (3i), este martes en Barcelona. / Andreu Dalmau (EFE)

CUÁNDO y no qué. La decisión unilateral de ERC de retrasar el cuarto debate de investidura al que se somete Pedro Sánchez –fallidos los anteriores– triunfó en todos los titulares tras postergarlo Marta Vilalta, portavoz y secretaria general adjunta del partido independentista, al menos a enero de 2020. Y aunque objetivamente el calendario era noticia, escuchar su intervención ante la prensa inducía a cambiar de interrogante: qué en vez de cuándo.

Vilalta repitió varias veces que la negociación, que este martes tuvo otro capítulo y mantiene su avance, no es entre PSOE y ERC para negociar al menos la abstención de los catalanistas que posibilite que Pedro Sánchez sea investido por primera vez (es presidente por censura a su antecesor), sino entre “Cataluña y el Estado” y para “solucionar el conflicto político” catalán. Y nadie lo rebate: ni desde el Gobierno en funciones, ni desde el PSOE ni desde la oposición. Aceptar una negociación en esos términos ya es una cesión inconcebible. Ni el PSOE puede representar al Estado, ni siquiera el Gobierno en funciones, ni tampoco ERC puede suplantar a Cataluña. Pero es que, además, tampoco es aceptable que para permitir la investidura se mercadee con la integridad territorial de España.

Pero si bochornoso es el silencio del PSOE, que al fin y al cabo busca salvar la investidura como sea, más indignante resulta que ningún partido de la oposición, singularmente el PP, enfatice sobre qué se negocia en realidad y se apreste a impedirlo. No basta con que se necesiten sus votos para aplicar las reformas que puedan pactar. Demasiadas veces se ha perdido el relato ante el independentismo catalán.

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