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Análisis

PANDEMIA Manuel barea 16

La melopea será como la pandemia: global

La cogorza -porque fantasear con ella es otro antídoto, otra vacuna-, venimos diciéndonos ya algunos desde hace días, "va a ser monumental". Esa quedada, esas quedadas de puretas, van a ser históricas, también merecedoras de crónicas. Van a competir con los jovencitos y sus botellones. Es de esperar que los ayuntamientos y sus respectivos concejales con competencias en orden público, y por ende sus polícías locales, sean flexibles y tengan manga ancha. Es lo mismo que pedimos para los bares: para cuando el coronavirus sea una pesadilla que se haya ido por el desagüe con la última de las legañas en esa mañana que va a ser para todos la Madre de Todas las Mañanas, el Gobierno, tan dado estos días a decretar medidas drásticas y traumáticas, tendrá que aprobar una norma, y todo lo exprés que pueda, fulminando el horario de cierre y dando total libertad a sus propietarios y, por extensión -se entiende-, a sus clientes.

La medida impulsará, de una parte, la recuperación acelerada de las pérdidas que el bicho, debido a la instauración del estado de alarma, está ocasionando al Sector Priva -desde el empleo que crean los garitos hasta el que sostiene la fabricación de licores-, y de otra propiciará la restauración del ánimo mayormente jocoso que a lo largo de la historia -con excepciones inmencionables- ha caracterizado a nuestro pueblo. Hacemos todo lo posible para que éste no decaiga estos días, pero hay que reconocer que estamos en horas bajas. Aunque sobre la libación en estas fechas hay que hacer algunas precisiones: la veloz desaparición de envases con contenido etílico de los estantes de los supermercados es seguida de una rápida reposición de los mismos (bueno, de los mismos no, de otros llenos). No parece que la industria y el negocio se esté resintiendo demasiado, a decir del ritmo con que se consumen y se reponen nuestras marcas favoritas, ahora con un único destino: la nevera privada.

Pero sabido es que no es lo mismo beber solo que en compañía (aunque es mejor beber sin nadie a tu vera antes que mal acompañad; esto es una fatalidad, esto jode el trago, es como tirar un reserva por el sumidero). A lo que me vengo a referir -llevaba años queriendo escribir esta expresión- es a la Melopea Global con la que habrá que despedir esta maldición. Puede que nos llamen inconscientes. Se equivocan. Sabremos muy bien lo que hacemos. Un buen amigo que está esperando el nacimiento de su hijo para cuando haya pasado todo si las previsiones se cumplen me envió ayer este whatsapp: "El niño va a ver a su padre beodo a las primeras de cambio". Pues sí. La celebración será doble. La criatura tendrá ante sus ojos el careto cocido y exultante de su padre y sus colegas. Recién nacido, quizá se pregunte a qué clase de mundo ha venido a parar. De mayor, le contaremos qué estaba pasando estos días fuera mientras pateaba dentro del vientre de su madre. Y entonces comprenderá el porqué de los ojos enrojecidos de su padre y sus amigotes.

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