Análisis

carmen pérez

Universidad de Sevilla

El futuro de las cadenas globales de valor

Las cadenas globales de valor (CGV) han constituido el paradigma de producción dominante durante los últimos 40 años. Surgieron cuando las empresas multinacionales comenzaron a desagregar los procesos productivos en otras empresas ubicadas en otros países con el objetivo de disminuir sus costes. Con ellas, el ritmo de crecimiento del comercio mundial aumentó en el período 1995-2010 más de dos veces más rápido que el PIB mundial, mejorando la productividad y respaldando los salarios y los ingresos. Sin embargo, desde la crisis financiera, la participación en las cadenas de valor mundiales parece haberse estancado. Con el Covid-19, el debate sobre su futuro se ha intensificado.

Como señala el estudio Global value chains: measurement, trends and drivers, publicado por el BCE esta semana, hay una serie de factores detrás de esta desaceleración. El primero, el incremento de los costes comerciales, incluidos transporte y barreras arancelarias y no arancelarias, que desincentivan la deslocalización. Además, varias economías de mercados emergentes de Asia han ido girando gradualmente hacia dentro, reduciendo su dependencia de insumos importados. Y, en general, el aumento de medidas populistas empuja al aislacionismo, al proteccionismo comercial y a la renacionalización de producciones. También es probable que las nuevas tecnologías relacionadas con la Industria 4.0 -la robotización- jueguen en contra.

A estas tendencias prepandémicas se han añadido los graves problemas que las cadenas de valor mundiales han experimentado con el Covid-19, que se vieron muy afectadas en los primeros meses de 2020. A pesar de que el comercio se recuperó relativamente rápido en la segunda mitad del año, el debate sobre la relocalización de la producción se ha agudizado. Así, algunas empresas están revisando sus modelos de inventario y los gobiernos están discutiendo iniciativas para reubicar etapas de producción a nivel nacional.

El profesor José Antonio Martínez Serrano, en la excelente conferencia -El mito de la desglobalización- que impartió el pasado martes en el Observatorio Económico de Andalucía, admitía que las CGV son redes complejas y extensas, y que son muy vulnerables a los riesgos globales, pero advertía sobre esta tendencia contra ellas: "si cortásemos las CVG que hoy existen, el PIB mundial caería de un 20% a un 25%".

La solución es aumentar su resiliencia, no eliminarlas. Según una encuesta del Banco Mundial, el 60% de las empresas multinacionales han recurrido a tecnologías digitales en busca de optimizar la capacidad y mejorar la logística. Un 33% está analizando sus cadenas de suministro para mejorar la visibilidad de vulnerabilidades potenciales. Algunas están diversificando proveedores (37%) y sitios de producción (18 %), y solo un pequeño porcentaje está acercando la producción por nearshoring o reshoring (14%).

Y éste debe ser el camino. Sería un grave error dejar de capturar las ganancias de eficiencia derivadas de la especialización y las ventajas comparativas. Para luchar contra cualquier shock o desastre natural que se pueda dar, y para garantizar la prosperidad mundial, el comercio internacional debe crecer, no disminuir.

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