Análisis

la gloria de san agustín

Reyes y magos

Este año mi hermana me ha animado y algo más para que le hiciera un regalillo a Soraya, que me lleva diciendo ya hace mucho tiempo que ella siempre tienes buenos detalles conmigo y yo menos que un Seat Panda. Que me lo ha dicho tantas veces que me ha acabado convenciendo y me atreví a regalarle un detallito, barato, eso sí, que ya saben ustedes que siempre estoy más tieso que la mojama.

La verdad es que ha sido una Navidad de lujo y había que rematarla como se merece, que en eso lleva razón mi hermana, que hasta mi cuñado, que nunca dice nada, me lo repitió. Y bueno, tenía unos eurillos ahorrados, una porquería, pero bueno, lo justo para comprarle una pulserilla de plata que me dejó a muy buen precio Pedro, el platero de la calle Parras, que es amigote de toda la vida, y que aunque se moría de la risa mientras me lo preparaba, no me preguntó para quién era, y eso que lo sabía de sobra. Dicho y hecho, que nada más acabar de ver la cabalgata de los Reyes Magos, cuando bajábamos para el barrio otra vez, en la puerta de su casa, le planté el regalillo, qué menudo sorpresón se llevó. Y la verdad es que le gustó, o por lo menos eso es lo que creo yo, y tardó menos de dos segundos en ponérsela, que la verdad es que le queda muy bien. Y después, para sorpresa mía, me plantó un beso, pero de los grandes, en todos los labios, que yo creo que es el beso más grande que me han dado en mi vida.

Pero esa no fue la última sorpresa, que fue más grande cuando me dijo que no me había encargado nada para los Reyes, que como todos los años le decía que me daba apuro que me regalase, pues eso, que me había hecho caso y que no tenía nada. Yo creo que al principio me tuvo que notar algo raro en la cara, pero después se me pasó, que la verdad es que había sido yo el que se lo había dicho, y unas cuantas veces. Pero nada, que a mágica no hay quien la gane, que vaya tela cómo es Soraya, que me estaba engañando y claro que me había encargado un regalo de Reyes Magos. Y vaya regalo bueno, una cazadora de ante, pero del bueno, y una bufanda a juego, de paño de verdad, que anda que no voy a estar calentito lo que queda de verano. Eso sí, ya no hubo más besos, ni cortos ni largos, de ninguna clase. No me gustaría pensar que tengo que esperar todo un año, aunque tampoco me extrañaría, visto lo visto. En fin, que espero que también hayan sido buenos con todos ustedes, que es lo poco que se merecen.

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