Análisis

la gloria de san agustín

Padre

Esta semana que se acaba he tenido un poco de todo, que hasta tuvimos un 13, pero no salió malo del todo, me parece a mí. Eso sí, no cayó en martes, que si hubiera pasado San Pancracio lo hubiera petado, que esas tradiciones yo no sé cómo pero se mantienen y bien vivas, y yo que me alegro, si les digo la verdad.

Me volvía loco cuando mi madre compraba palmeras de San Pancracio, que vaya mano que tenían las monjas, que más buenas no podían estar, una cosa mala, pero tela. La docena duraba una sentada y hasta puede que menos. Y eso que eran blancas, blancas muy blancas, que ni chocolate, ni huevo ni nada, que ahora las hacen hasta con los colores del Córdoba, que yo no sé si eso será muy sano, pero es lo que hay.

Hablando de dulces de antes, no hay día que no me acuerde de aquellas caracolas gigantescas que estaban cubiertas por una melaza por encima que te ponías pringado lo quisieras o no. Pues ese dulce, con lo bueno que estaba, pero bueno de verdad, ha desaparecido, ya no hay quien lo encuentre, y a lo mejor es porque llevaba algo malo o lo que sea, cualquiera sabe, pero la cosa es que dejaron de hacerlo. La verdad es que si llevara algo malo yo tendría que estar muy enfermo, porque me comí unas cuantas, por no decir que muchas, que es la verdad. Y lo mismo puedo decir de las palmeras de San Pancracio, y también de las magdalenas, que necesitabas un cubo de leche para empaparlas, vaya manera de tragar.

Me acuerdo de mi madre, y esta semana toca acordarnos de nuestro padre, que llega el día de todos ellos. Y vuelvo a lo de siempre, que sí, que se lo habrán inventado para sacarnos los cuartos, no lo dudo, pero es bonito que tengan su día y que nos acordemos de ellos. Yo me acuerdo mucho de los dos, que se fueron demasiado pronto y me quedé muchos años sin disfrutarlos y por eso siempre le digo a todo el mundo que los disfruten cuanto puedan, que luego se van y te arrepientes de muchas cosas. Y el tiempo es de las pocas cosas que nunca se recupera, el que se fue no vuelve. Yo, a este paso, no voy a dejar a nadie que se acuerde de mí, ni el día del padre ni nunca. En fin, la vida que tiene estas cosas y ya está, que no sé yo si estoy preparado para que hubiera venido de otro modo, puede que sí. No lo sé. Pero que ya no lo voy a probar.

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