Análisis

FÁTIMA DÍAZ

A Milá no le ladra nadie

Sólo su perro Scott se atreve a ladrar a Mercedes Milá. Pocas periodistas en activo tienen el bagaje de esta mujer que ha sabido pasar de las entrevistas más incisivas a telerrealidad, del periodismo puro y duro al entretenimiento salvaje, siempre sin perder la pasión (por lo menos de cara a la galería). Ella sabe que despierta en el público tantas pasiones como desprecio, pero le trae al fresco, algo que además utiliza con descaro para dejar bien claro que está por encima de las críticas. Las asume. O no. Insisto, le traen al fresco. La expresión 'sin complejos', tan en boga en política estos días, le viene al pelo: tal vez esa haya sido la razón por la que Pedro Sánchez ha requerido su presencia para presentar su libro, Manual de resistencia. Eso o porque el título le vale tanto al presidente del Gobierno como a la periodista, que acaba de aterrizar en #0 con Scott y Milá, acompañada del que más la quiere. "Voy a hacer cosas que a mí me importan. Cosas que no he hecho nunca antes. Y por eso sales tú (le dice a su mascota, Scott), porque eres importantísimo en mi vida. Yo creo que jamás ha habido un programa de televisión que lleve el nombre de un perro en el título... antes que la presentadora". Ahora estamos viendo por fin qué cosas le importan. Teníamos curiosidad. Ella, mucho olfato para enganchar espectadores.

Que Mercedes Milá es un monstruo televisivo no es nuevo. Lo que sí lo es descubrir que ese carisma lo tiene incluso fuera de la pantalla, en su vida diaria. Regresa, tres años después, la noche del jueves, aquella en la que ejercía como maestra de ceremonias en el reality sobre las vidas de otros, en aquel "experimento televisivo" llamado Gran Hermano. Ahora es ella la que pone sus cacas sobre la mesa, y lo digo literalmente, nada de metáforas. Si ir al médico a todos nos da algo de miedo, ella coge una cámara y la pone frente a frente para decirle cosas tan duras como necesarias. Se hace pruebas médicas, sufre los efectos secundarios y hasta lleva a analizar sus heces sin pudor. Con Milá nos enganchamos hasta a la consulta de un médico, nos apuntamos a sus meriendas familiares, a hacer tai chi en el bosque y a abrazar árboles para pedir deseos. Porque la periodista es garantía de sentir, nunca deja indiferente.

Ya la primera entrega ha sido desternillarse con sus respuestas, con sus muecas. Lloras con su humanidad, con sus ganas de ayudar. Te asombras con sus atrevimientos y te ablandas con su relación con su mascota. No hay que olvidar que su copresentador, Scott, no está ahí de forma gratuita, sino que le saca a la presentadora el lado tierno que aún no había mostrado. Scott y Milá no es para todos los públicos, para eso sólo hay que cambiar a Telecinco. Pero sus entrevistas y la entrevistadora nos hacen conmovernos, cuestionarnos... pensar.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios