Análisis

francisco andrés gallardo

Cerdos

Un espectador de hoy contempla Lleno, por favor como arqueología de dudoso gusto, con Alfredo Landa diciendo "yo sólo creo en Dios, en Franco y en don Santiago Bernabéu". Era una caricatura de tipos que parecían trasnochados. Pero no, qué va. Qué ingenuos éramos en los años 90.

Ahora no se aguantan esas caricaturas explícitas y los subrayados argumentales, tan de folletín, de aquella serie de Vicente Escrivá en la Antena 3 sufragada por Mario Conde. Los espectadores han evolucionado a la velocidad de la pantalla y esta magnífica Matadero de Diagonal TV, con canciones de Julio Iglesias y estafa piramidal de naranjada, sería el desarrollo de Lleno, por favor con los resortes de las series de hoy. De ahí su buena acogida frente a otros dos estrenos de cartón como Hospital Valle Norte (qué antigua y vista pese a sus recreaciones virtuales) y Los nuestros 2 (¿alguien atisba verosimilitud en una Paula Echevarría militar?). Por la cría porcina aparecen Breaking Bad, Fariña o Fargo a partir del esqueleto de gamberradas de otro tiempo como Airbag. El tono cañí y kistch de Matadero está orientado al paladar del público mayoritario de hoy, una audiencia que consume series en el pago y reconoce el tono irónico, sutil, de la mediocridad mundana que retrata esta Meseta de machos, putas, burguesitas rurales y tipos tristes. A Viyuela ya se le están viendo los brotes de Walter White. Y lo que aún tiene que pasar.

Matadero, una novela picaresca de cerdos, tiene una tremenda carga de humor con risa amarga. Es ibérica, carpetovetónica, pero se entendería perfectamente en cualquier idioma. Sus personajes hablan del cutrerío asumido, de la costumbre del desencanto, cuando a la puerta llaman los desalmados para ajustar cuentas. Qué grande está como sicario Ginés García Millán. Y qué descubrimiento Lucía Quintana. Matadero es el cómic de Cuéntame, como si los parientes de los Alcántara entraran en The walking dead. Un título para añadir al florido catálogo de Atresmedia.

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