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Nadia Calviño es lo más serio que hay en este Gobierno. Mientras Pablo Iglesias utilizaba su habitual demagogia tras el Consejo de Ministros para ponerse medallas de gran conseguidor, la ministra de Economía echaba abajo la idea de que el Gobierno va a mandar dinero a espuertas y a fondo perdido a los sectores más desprotegidos. Hay dinero, pero se trata en su gran parte de moratorios o créditos; en algún momento habrá que devolverlo. Ayer, donde Alsina, insistió en ello. Como buena conocedora de la UE, Calviño fue sincera al explicar qué límites de Bruselas son traspasables con medidas alternativas y cuáles de obligado cumplimiento. Expuso también su deseo de evitar el rescate que quizá nos permita salir del atolladero, pero a cambio los hombres de negro exigirían sangre, sudor y lágrimas.

Pedro Sánchez ha demostrado sobradamente en sus dos años en el Gobierno que, además de ser un profesional del engaño, su título de doctor en Economía sólo le servirá para ponerlo en la puerta de su despacho profesional si un día lo tuviera. No sabe diseñar un programa de emergencia nacional. Lo que en cambio sí sabe hacer Calviño, como demuestra en cada comparecencia.

El programa que ha presentado el Gobierno parte de un grave error inicial: es una imposición, no se ha consultado con las fuerzas sociales ni con los dirigentes de la oposición. A estos últimos el presidente no los quiere ver ni en pintura. Sin embargo, para que en un país salgan adelante las iniciativas legislativas, más aún en momentos difíciles, la colaboración entre el Gobierno y la oposición es indispensable. Ya que Sánchez tiene alergia a los líderes de la oposición, Calviño podría ser la interlocutora. Sabe de qué habla y además es la mejor valedora del Gobierno en Bruselas. De hecho, si la UE no aprieta más a España es porque Calviño es la responsable económica del equipo de Sánchez, en cuya capacidad para gobernar con la necesaria eficacia Bruselas y Fráncfort confían lo justo.

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