Análisis

Ángel Vázquez

Cuerdas, cuerdos y sueños

Parafraseando al aspirante a moderno Pablo García Casado, julio en Córdoba será guitarra, o no será. ¿Alguien podría imaginar ese erial si no tuviera cuerdas? Para el séptimo mes, ellas componen una red con la que poder saltar al vacío sin miedo. Una trenza para trepar muy alto. Una escala para escapar muy lejos. Una polea con la que izar banderas de patrias sonoras, propias y ajenas. Ovillos con los que tejer canciones. En diez días de julio pueden pasar tantas cosas... y en seis, y en cuatro días de oro, y en uno. Recuerdos para marcar en el calendario con el rotulador de los autógrafos.

En la cueva de Lascaux, un mes de julio, encontraron los fragmentos cuasi fosilizados de una cuerda enrollada de casi 65 milímetros de diámetro, datada en el 19.000 a.C. ¿Qué querrían ser de mayores aquellas manos que la trenzaron? ¿Qué quiere ser de mayor el Festival de la Guitarra? Es una respuesta tan difícil de contestar como espectadores acuden a sus conciertos. Todos tenemos sueños, gustos y debilidades. Pero que el Festival debería ser el sueño de toda la ciudad, acrecentar su atractivo, y formar parte de las debilidades de sus habitantes es una aspiración justa que va más allá de quién viene o quién no viene, a quién traen o a quién no. Por lo pronto, 38 años después parece que esta forma encordada de entender julio cala, y se extiende, como una cordada por el perfil de una montaña. Veamos qué nos dibuja para próximos horizontes.

Me quedo con fugaces imágenes de las carreras de los fotógrafos, la felicidad de Barathy, ensayos al sol, aprendices de genios, genios cautivados por la Judería, la sonrisa de los artistas al acabar y tanta guitarra por todas partes pidiendo ser nuestra aliada para construir cosas. Pero para quedarme con algo déjenme que lo haga con la sonrisa y capacidad de lucha de las mujeres de Resurgir, vendiendo las púas que Kiss les regaló para colaborar con su causa de subir a pulso agua del pozo de la esperanza para hacer de este mundo un sitio mejor para mujeres olvidadas por la sociedad. Con recuerdos como ese, la guitarra es hoy un poco más feliz.

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