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Análisis

José Ignacio Rufino

BBVA: la siniestra sombra de Villarejo

Se habla de más de 15.000 escuchas ilegales ante el asalto de Sacyr y Zapatero para hacerse con el control del BBVAFrancisco González condujo a Aznar a la fagocitación de una gran banca nacional vasca

La lealtad dura lo que dura el poder de la persona a la que se le profesa lealtad o lo que dura el interés del leal. Al menos, en los negocios y en las cosas de dinero. Esta certeza no proviene del cinismo ni descreimiento sobre una supuesta bondad natural de la condición humana: la realidad es palmaria, aunque, claro, hay excepciones. No parece ser el caso del BBVA, en donde parece reeditarse el dicho "El muerto al hoyo y el vivo al bollo" con el escándalo -con todas las letras y una poderosa esdrújula de Raphael-de las muy fundadas sospechas acerca de que el recientemente jubilado presidente de una de las tres grandes entidades bancarias españolas, el BBVA, Francisco González, ordenó al siniestro ex policía Villarejo -en prisión preventiva- espiar telefónicamente al entorno de la constructora Sacyr, a otros empresarios, además de a políticos y hasta periodistas: se habla de 15.000 grabaciones de conversaciones privadas. Recordemos que por aquel entonces, 2005, Sacyr, de la mano del presidente Zapatero y su hombre fuerte en la materia, Miguel Sebastián, urdieron un asalto -legal, pero muy poco limpio- al banco. Aunque la defensa en estos casos puede muy bien constituir un ataque de respuesta, lo que se dice y parece ser cierto, a tenor de las propias declaraciones de los actuales altos mandatarios de la entidad, es no sólo un delito muy grave, sino una vergüenza para el gran banco de origen vasco y otra patada en la boca a la credibilidad de la calidad institucional española. El altivo banquero gallego es ahora objeto de todos los regates: nadie lo quiere, a pesar de ser aún presidente honorario y de la fundación; nadie lo defiende desde dentro ni desde fuera: se les murió la lealtad, de tanto usarla. Ni desde fuera: el BCE y su pequeño brazo articulado aquí, el Banco de España, piden la destitución inmediata de Paco González. Y hacen bien, claro. Estaremos a verlas venir en este sentido.

Pero recordemos un poco la historia de este personaje central de nuestro último cuarto de siglo, presidente del banco público privatizado Argentaria entre 1996 y 1998 y del BBVA desde 2000 hasta 2018, y que fue en su salto de una a otra entidad un hombre de Aznar. No pocos pensamos que igual que Felipe González abortó el proyecto de banca nacional en Cataluña -un territorio, un idioma y un banca nacional fuerte hacen una nación- y de ahí el caso Banca Catalana (de la dinastía Pujol, caído en 1988), de una manera directa o indirecta, José María Aznar dio un certero golpe de mano con esa misma estrategia de contener la disgregación económica del país al encajarle a Argentaria a la gran banca vasca: el BBV que había previamente fusionado y fortalecido al Banco de Bilbao, comandado por el entorno Ybarra, y al de Vizcaya, presidido por el muy admirado y muerto prematuramente Pedro Toledo. Además de eso, otro de los alfiles corporativos de Aznar en aquellos tiempos -Telefónica- firmó una alianza estratégica con el BBVA para la expansión latinoamericana de ambas entidades. Un pelotazo: Emilio Ybarra acabó en la cárcel, enfermado y mayor, y el González de Lugo -cualquier cosa menos nacionalista vasco, ni de Neguri ni de Barakaldo- se erigió en el Gran Jefe de la nueva entidad, políticamente fagocitada. Bien mirado, desde uno de los dos puntos de vista antagónicos, una jugada maestra de Aznar.

Ahora los nuevos máximos ejecutivos y consejeros de BBVA dicen estar escandalizados, que ese tipo de prácticas gangsteriles nada tienen que ver con el alma de su prestigioso banco -que lo es-, además de haber sido mascarón de proa de la redefinición digital del sector. No hay lealtad ya para el ex presidente: no la merece, desde luego, si ha contratado al fontanero de las cloacas de la democracia española, Villarejo. Mientras, en una Bolsa no muy lejana, las acciones de la compañía tiemblan.

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