Crítica de Música

Entre mundos sonoros

Son múltiples los parámetros que definen al gran guitarrista: virtuosismo, técnica pulcra, adecuación estilística… pero entre todas ellas, Marcin Dylla mostró anoche la que sin lugar a dudas es la faceta más expresiva de la guitarra; la tímbrica.

Tras un silencio expectante, Dylla aparece sobre el escenario dando comienzo a lo que sería un recorrido por el mundo sonoro de la guitarra en estilos y timbres, en efectos y expresiones. Mauro Giuliani, gran compositor de corte clásico, es sonorizado en manos de nuestro protagonista con gran pericia, haciendo un uso maestro de los contrastes tanto en velocidad como en dinámica.

Destaca su uso maestro de los contrastes tanto en velocidad como en dinámica

Dylla continúa con una sorpresa no programada, y es que en lugar de interpretar obras consagradas de la guitarra como son Cinco preludios de Villa-Lobos y Homenaje a Tárrega de Turina, se decanta por un repertorio dedicado a la estética "anti-segoviana", donde autores como Guastavino, Ohana y Milhaud fueron partícipes de un ambiente de luces y sombras que acompañaron a la gran estrella de esta primera parte: el Hommage pour le Tombeau de Debussy, de Manuel de Falla. En este momento culmen de la noche, nuestro intérprete se convierte en transmisor de paisajes, en artista que con pinceladas armónicas articula un cuadro musical inaudito.

El brío se apodera de la segunda parte con Ponce, que ejecutado con una combinación de fuerza y elegancia va presentando paulatinamente distintas variaciones sobre las Folías de España, tema archiconocido pero expresado aquí con originalidad y matices impresionistas.

Es aquí donde Marcin Dylla rompe su silencio para contarnos la razón compositiva que nos haría comprender el broche final del concierto. Así, el Nocturnal de Britten cierra la velada con un aire iniciado por ritmos contrastantes, atisbos de inquietud atonal y abstracta que continúan con una passacaglia incisiva evocada en lo que Dylla nos define como "una pesadilla durante el sueño", y finalizando en el tema renacentista de John Dowland Come, heavy sleep donde, tras todo lo acontecido, escuchamos y sentimos atónitos cómo tras la noche llega siempre un nuevo día.

Nuestro protagonista, aclamado por calurosos aplausos de agradecimiento, resurge entre bambalinas para ofrecer como propina Garrotín (de aquel Homenaje a Tárrega no interpretado en programa), haciendo gala de su característico juego efectivo de timbres y dando término a un concierto que, en todos los sentidos, supone un recorrido estético de gran musicalidad.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios