Cultura

Un hilillo de voz ronca

Rancapino es sin duda la voz más emblemática y reconocible de todo el universo jondo. Ronco de andar descalzo, que ahora se reedita, se publicó por vez primera en 1995 (Turner), con una deliciosa portada de Miquel Barceló que ahora ha sido sustituida, vaya usted a saber por qué, por una instantánea del intérprete con Camarón. El disco contenía el mismo repertorio que el publicado, también con el nombre del cantaor como único reclamo, en 1976 (RCA). El guitarrista era, asimismo, Paco Cepero. Esa voz ronca inimitable. Ese sabor en los estilos más representativos de Cádiz: alegrías, tientos, bulerías, malagueñas del Mellizo. Esa escuela de Aurelio Sellés. Esa vocación caracolera en los fandangos, en la zambra. Esos fandangos del Niño de la Calzá. Todo ello remite a una época, al repertorio clásico de los 60 en Cádiz. Y si ello inscribe a Rancapino (Alonso Núñez Núñez, Chiclana de la Frontera, Cádiz, 1945) en una generación prodigiosa, la de los Camarón, Panseco, Villar, etcétera, su voz es un tesoro único, uno de los patrimonios fundamentales del flamenco. Afortunadamente en activo, como demostró el último disco de Miguel Poveda, donde el de Chiclana canta con el catalán unas bulerías en tono mayor deliciosas. Un hilillo de voz ronca que parece que va a apagarse en cualquier momento, pero que no cesará nunca y con el que es capaz de llevar adelante todo el repertorio jondo.

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