Crítica Flamenco

Culto alarde poniendo el alma

Un momento de la actuación en el Palacio de Viana Un momento de la actuación en el Palacio de Viana

Un momento de la actuación en el Palacio de Viana / Juan Ayala

Ya sabemos: “el tiempo no corre, vuela”; y dado que nuestras ocupaciones nos absorben, cuando reparamos nos hallamos ante realidades que nos desbordan respecto ala transformación de lo conservado en la memoria. Caso de cómo dos jóvenes siempre consecuentes, con el tiempo más, que han crecido superando casi todas las expectativas lógicas y razonables, experimentando con sus aspiraciones, logros más allá de lo que podría haberse esperado para bien de la carrera emprendida. Una muestra más entre otros afortunados ejemplos, acerca de los conocimientos adquiridos,pertrechándose de sabios criterios.

Es el de los cordobeses Alfonso y Miguel Linares con sus instrumentos musicales que, con admirable tesón, dieron sus primeros pasos con la guitarra flamenca uno y el otro con su viola, viviendo su aplicado aprendizaje y en ratos libres recurriendo a talleres donde pudiesen apreciar aspectos que ensanchasen el campo de lo ya aprendido.

Así, comenzaron por asistir a foros -caso de peñas como el Rincón Flamenco-, donde no solo aprendían oficio sino también a aficionarse por esta bella música de raíz. Y ocasiones no nos faltaron para comprobar aquello de que han progresado adecuadamente, consiguiendo éxitos que ahí están. Fue su comparecencia el pasado sábado, en Palacio de Viana, con Alma Ausente.

Ocasión repitiendo tal recital de su creativo proyecto, tras la estela triunfante reportada con el estreno en Túnez tiempo atrás en el prestigioso festival Musiqat, producido para el Instituto Cervantes apoyado por el Ministerio de Cultura español. Así, los hermanos Linares bien escoltados por otro instrumentista, el canto y cante, saborearon en su terruño los elogios de la adaptación de Alma Ausente de Lorca, que les ha proporcionado en los encuentros ante el público que presenció el logro de la misma, aunque ahora -según ellos- “intentando dar una visión un poco más moderna ”, sin descuidar la raíz flamenca pero aportándole visos de la estética minimalista actual e incluso pinceladas de partituras de música de cine.

Sentidos temas de Alfonso y Miguel, donde se apreciaron palos flamencos como tangos, también bulerías, peteneras, alegrías y cantiñas de Pinini con romeras, guajiras, incluyendo a su vez originales versiones, caso del aún inédito de cuño propio Hierro, un fragmento como adelanto.

Todo, con el lirismo de hermosos versos de las generosas cosechas de insignes vates como la de García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Juan de la Cruz, Teresa de Jesús, Neruda y el Pequeño Vals de Cohen recordando al inagotable Morente, logrando despertar oportunos sentimientos y la cercanía de los asistentes que estuvieron volcados respondiendo con su presencia, y en la fiesta final antes de la “caída del telón”, mostrándolo con efusivos aplausos y grata complacencia.

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