38º festival de la guitarra

Pura magia, pura guitarra

  • El músico y compositor cordobés presenta en el Teatro de la Axerquía su último disco, 'Memoria de los sentidos', y repasa otros temas de trabajos anteriores

Vicente Amigo, anoche, en su concierto en el Teatro de la Axerquía. Vicente Amigo, anoche, en su concierto en el Teatro de la Axerquía.

Vicente Amigo, anoche, en su concierto en el Teatro de la Axerquía. / juan ayala

Cuando Vicente Amigo se sube a un escenario, la magia que desprende penetra en todo el auditorio. Ni el más alejado de los espectadores que llenan el Teatro de la Axerquía escapa al halo de misterio -casi misticismo- del guitarrista cordobés. Nadie al que le guste la guitarra se querría perder esta cita; la verdadera cita con las seis cuerdas. Porque Vicente es la guitarra, es Córdoba y es el flamenco. Y así lo mostró anoche en el coliseo al aire libre, donde miles de personas esperaban encontrarse de nuevo con él.

Con el rostro alzado hacia el cielo -una imagen suya tan característica- y bajo la Luna nueva, que permitía brillar a las estrellas con más fuerza, Vicente Amigo volvió a reivindicarse como el maestro que es. Y es que ha aprendido de los mejores, como son Paco de Lucía y Manolo Sanlúcar. Anoche, una vez más, mostró su capacidad para fusionarse con su instrumento y su talento innato para interpretar cualquier estilo. No en vano, en su trayectoria ha abarcado desde la poesía de Alberti en Poeta hasta la música celta en Tierra pasando por ese acercamiento al pop que supuso Paseo de Gracia. Ayer llegaba con una vuelta a sus orígenes, con su faceta más flamenca, más pura. Regresaba a su territorio; el que más reconocimientos le ha dado y con el que se ha hecho mundialmente conocido. Su Memoria de los sentidos cerró anoche la trigésimo octava edición del Festival de la Guitarra en una noche de embrujo en la que presentó este último trabajo con el que lleva girando desde hace más de un año, además de repasar otros temas. Para comenzar, salió solo al escenario para tocar un primer tema tras el que dio paso a su grupo, con los que interpretó los Tangos del Arco Bajo de Un momento en el sonido y el Autorretrato de Paseo de Gracia. Sereno y tímido, Vicente Amigo selló su amor por el instrumento de las seis cuerdas, que llega a parecer una extensión de sus dedos, de sus manos cuando lo rozan con pasión y a la vez naturalidad. Tal es el sentimiento que tiene hacia la guitarra que ha llegado a asegurar que si no fuera guitarrista sería guitarrero. Todo con tal de acariciarla y oler su madera.

El cantaor Rafael de Utrera acompañó al guitarrista en su encuentro con Córdoba

Después de recorrer países como Francia, Croacia, Marruecos, Alemania, Italia o EEUU, Vicente Amigo al fin recaló en Córdoba, en su casa, donde encuentra el apoyo de su familia (ayer acudió a verlo hasta su madre, a la que dedicó un bolero) y amigos cada vez que se sube al escenario. Y también de sus seguidores, de los amantes del flamenco y de la guitarra, que anoche demostraron su admiración por el músico y compositor con una cálida acogida en forma de aplausos y oles.

En este especial encuentro con los suyos, con su Córdoba (a la que llegó con ocho años y donde comenzó su idilio con la guitarra), Vicente Amigo estuvo acompañado por Añil Fernández como segunda guitarra, Ewen Vernal al bajo, Paquito González al cajón, Rafael de Utrera al cante, El Choro al baile y Los Mellis a las palmas. Juntos presentaron los temas de Memoria de los sentidos, un disco en cuya grabación ha contado con Potito, El Pele, Farruquito, Pepe de Pura, Pedro El Granaíno, Niña Pastori, Arcángel, Miguel Poveda y el propio Rafael de Utrera.

La Axerquía se impregnó de flamenco en un concierto en el que el guitarrista demostró una vez más su sensibilidad y magisterio en la ejecución, que se refleja en temas como el Amoralí que abre su Memoria de los sentidos, el homenaje al torero Alejandro Talavante de Las cuatro lunas, su admiración por el arte de trabajar el cuero de Guadamecí o el Réquiem dedicado a su maestro y amigo Paco de Lucía; que sonaron ayer en la Axerquía.

Tangos, bulerías, soleá o boleros para destapar las emociones de Vicente Amigo, el poeta de las seis cuerdas, el genio que mira al cielo mientras sus manos relatan su eterno romance con la guitarra.

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