Crítica de Cine

Plummer triunfa gracias a la censura

Plummer, en la película de Scott. Plummer, en la película de Scott.

Plummer, en la película de Scott.

Hay que empezar por el principio. Alien y Blade Runner nos deslumbraron. Y no fue un fogonazo engañoso: cambiaron la historia del cine de terror y ciencia-ficción. Los duelistas nos interesó. Legend nos desconcertó. Y entonces empezó la decepción. Con La sombra del testigo y Black Rain el autor se hizo artesano. Con Thelma y Louise volvió el autor con un éxito y reconocimiento crítico que hoy no comprendo. Y se acabó. Era 1991. Desde entonces hasta hoy Ridley Scott ha rodado, con modos más bien mediocres, vulgares colosales históricos, películas de ciencia-ficción que -salvo Marte- hacen muy difícil creer que el mismo hombre dirigiera dos obras maestras, flojas películas bélicas, negras o de gánsteres, alguna comedia sentimental horrorosa y truños vergonzosos como La teniente O'Neil o Hannibal. Quien empezó prometiendo tanto ha desarrollado una carrera toscamente comercial, aunque con poderío como productor y dando taquillazos.

Todo el dinero del mundo -basada en el secuestro de John Paul Getty III y la resistencia de su fabulosamente rico abuelo a pagar el rescate- no figura entre sus peores películas. La dirección es correcta y no abusa de efectismos, salvo en su parte final. El guión de Davis Scarpa -que contaba con dudosos antecedentes como el disparate de La última fortaleza o el mal remake de Ultimátum a la Tierra- maneja muy bien el potente juego trágico entre el egoísta y avaro viejo multimillonario y la madre desesperada, y la tensión por la presión de los secuestradores (ya saben, lo de la oreja cortada más famosa después de la de Van Gogh). Y sobre todo están las buenas interpretaciones (con la excepción del grotesco Romain Duris) de Michelle Williams, Mark Walhberg, Timothy Hutton (la antigua estrella juvenil) y sobre todo Christopher Plummer. Scott, autor de uno de los más grotescos retratos del mal (los desdichados Hopkins y Oldman de Hannibal), se saca la espina con un poderoso y estremecedor Getty, magistral, tenebrosa y retorcidamente interpretado por Plummer, grandísimo actor que tiene el no frecuente privilegio de seguir siendo contratado a sus 89 años. Otra cosa sería su ética, porque aceptó este papel volviendo a rodar todas las escenas que había interpretado Kevin Spacey, borrado de la película tras sus escándalos sexuales y el canguelo de Scott, también productor, por que le perjudicara en taquilla. Censura se llama a esto.

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