Crítica de Cine

Pésima secuela de una mala película

Una escena de 'Los extraños: cacería nocturna'. Una escena de 'Los extraños: cacería nocturna'.

Una escena de 'Los extraños: cacería nocturna'.

Johannes Roberts, director inglés de cine basura de terror (¿existió alguna vez la artesanía kitsch de la Hammer?) que rueda como si fuera americano (en el peor sentido de la palabra) y sólo ha producido una obra mínimamente decente en 17 años (Storage 24), se pasa ahora a la producción estadounidense. Naturalmente a la producción basura, rodando una tardía secuela de Los extraños (Bryan Bertino, 2008), una especie de Funny Games de Haneke (cine basura de autor y con tesis) en versión barata con sus asesinos enmascarados torturando a una pareja.

En este caso los asediados, torturados y asesinados son una familia -todo crece con el tiempo- con hija insoportable incluida. Y el escenario ya no es una casita aislada, sino un camping. Despoblado, naturalmente. Sangre, muertes y sustos del tren de la bruja, con los efectismos de la banda sonora sustituyendo a los escobazos. Han pasado 40 años desde las fundacionales Halloween y Viernes 13 y la cosa sigue funcionando. Eso sí, yendo a peor. En comparación con ésta, aquellas películas de Carpenter y Cunningham parecen obras de arte.

Tras estas películas se intuye un problema que por la irrelevancia de la materia parece exagerado y desde luego sería pedante desarrollar. Por eso mejor achacarlos a la pervivencia entre los adolescentes del gusto de los antiguos públicos menos ilustrados por los folletines y noveluchas sanguinolentas, los periódicos de sucesos, los barracones de feria y los espectáculos del Grand Gignol, la sala de París que ofrecía hace un siglo más o menos lo mismo que estas películas. Es un asunto serio, pero menos que el gusto por el sadismo cutre y la banalización hortera de la violencia extrema.

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