Crítica de Flamenco

Concierto de guitarra disfrutando en la intimidad

Isaac Muñoz y Sara Corea, en la presentación de 'Calle de la melodía'. Isaac Muñoz y Sara Corea, en la presentación de 'Calle de la melodía'.

Isaac Muñoz y Sara Corea, en la presentación de 'Calle de la melodía'. / Juan Ayala

Felicitémonos de que las perspectivas de la guitarra flamenca van in crescendo. Es una esperanzadora impresión de ver a tanto joven tocaor apostando por colocar el listón más arriba y, en este caso, sacando al nada fácil mercado musical sus avances, ensanchando el oficio que le mueve. Es el caso de cordobés Isaac Muñoz con Calle de la melodía, una recopilación de toques inspirados en su experiencia urbana local, con el instrumento de seis cuerdas, en la que muestra las esencias que ha ido logrando aplicándose en conciertos, y compartiéndolos. Lo que no quedará en grandilocuencia, considerando la trayectoria con la que se adorna desde que era casi un niño al que la sonanta atraía.

Y desde luego, midiéndose con el toque de concierto, él solo en escena, no ya en el presente, sino desde hace muchos años en los que sus seguidores tenemos ocasión de disfrutarlo, como quien esto escribe, presenciando en el Gran Teatro en 2003 cuando consiguió en buena lid el primer Premio Campos de Guitarra, deleitando con rondeñas, alegrías y farruca.

De esta forma, Isaac Muñoz compareció este viernes en el Teatro Góngora para ampliar su primera difusión de Calle de la melodía, tras la del pasado verano en Montoro, suponiendo ahora una agradable nueva oportunidad para los paisanos, aún atentos por atender en directo exposición tan completa, estirándose para ser admirado y, a su vez, acercándose al cante y al baile.

Interpretó un variado repertorio de palos flamencos como taranta, tangos, soleá, cantiñas gaditanas o bulerías

Inoportuno fue que ese día la ciudad rebosase ofertas de actos flamencos navideños que, inevitablemente, le restaron una significativa audiencia -ay, ¿cuándo no es pascua?-, desangelando tan generosa ocasión, porque quienes acudimos nos vimos regalados de oferta tan singular, en una exhibición que el excelente guitarrista Muñoz nos deparó junto al acertado y brillante contingente de amigos artistas, anunciados en la ficha que encabeza esta reseña -de sobra conocidos de la afición- con “torbellino” Barrios alborotando. Y, para ello, tuvo a bien reunir el variado repertorio de palos flamencos que el disco incluye: taranta, Huelva, tangos, soleá, cantiñas gaditanas, granaína, bulerías, farruca, entre otros más, que los asistentes jalearon.

Esto sirve para abundar en el dilatado oficio con el que tanto ha progresado el del Campo de la Verdad, sobresaliendo en pulcritud de ejecución y artesanía, bordando con el primor de sus manos rasgueos precisos, acordes, falsetas, delicados trémolos, fraseos, punteos y cuantos movimientos facilitaron que, quienes se acomodaron en el coqueto auditorio, expresaron su admiración tanto con oles espontáneos constantes como con encendidos aplausos.

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