exposición

Alberto Korda: no solo el Che

  • La Térmica, en Málaga, acoge 'Belleza y revolución', una muestra que reivindica la obra del fotógrafo cubano más allá de su iconografía política

Fotografías de Fidel Castro en la muestra de Alberto Korda que exhibe el centro cultural La Térmica de Málaga. Fotografías de Fidel Castro en la muestra de Alberto Korda que exhibe el centro cultural La Térmica de Málaga.

Fotografías de Fidel Castro en la muestra de Alberto Korda que exhibe el centro cultural La Térmica de Málaga. / javier albiñana

Un Beethoven sin Novena, un Cervantes sin Quijote, un Einstein sin la teoría de la relatividad: así sería el fotógrafo cubano Alberto Díaz Gutiérrez Korda (1928 - 2001) sin su icónica instantánea de Ernesto Che Guevara, considerada la foto más reproducida de la historia. Pues bien, justo esto es lo que propone el centro cultural malagueño La Térmica en su exposición Korda: belleza y revolución, que podrá verse hasta el 10 de enero. La muestra recoge más de cien imágenes de Korda y no, no está la del Che (aunque sí de alguna manera evocada en la instalación fragmentaria que recibe al visitante y en un panel que recrea el hallazgo que supuso para Korda la foto de marras). "Y es así con toda la intención: el objetivo es mostrar a Korda mucho más allá de la fotografía política y revolucionaria que le dio fama en todo el mundo, ya que su intención primordial no era política, sino implicada en la búsqueda de la belleza", explica al respecto la comisaria de la exposición, Cristina Vives. Ciertamente, el proyecto revela a un Korda en gran medida desconocido, que se consagró como fotógrafo a menesteres que nada tenían que ver con la Revolución en la que decidió involucrarse.

Subraya Vives que esta exposición es fruto "de un largo proceso de investigación que se muestra cada vez de forma distinta y que presenta a Korda como un fotógrafo versátil y contemporáneo más allá de los líderes cubanos a los que retrató. Así, si otras retrospectivas "se centraban en la política, hoy podemos decir que esta lectura obedece a una falta de investigación, ya que por fin cabe entender el trabajo de Korda de manera más amplia. En lugar de una cuestión política, la fotografía fue para Alberto Korda un compromiso ético y estético". Y así lo atestigua la propia biografía de Korda, quien llegó a perder hasta en dos ocasiones (una en 1960 y otra en 1968) la mayor parte de sus archivos fotográficos, lo que dificultó enormemente tanto la "investigación" a la que se refiere Vives como al mismo reconocimiento de Korda más allá del Che y Fidel Castro.

Para Korda lo prioritario no fue la Revolución, sino "la búsqueda ética y estética de la belleza"

Korda: belleza y revolución reúne fondos procedentes del Consejo de Estado cubano (que conserva más de 50.000 negativos fotográficos) y otros descubiertos durante el propio proceso de investigación. "Cuando la Revolución terminó de asentarse en Cuba, Korda comprendió que éste era su tema más importante, así que decidió consagrarse al mismo. En su decisión hubo motivos derivados del contexto político y también, digámoslo abiertamente, de autocensura. Este compromiso, unido a la desaparición en 1960 del archivo conservado en los Estudios Korda, que fundó en 1954, influyó de manera decisiva en su reconocimiento como fotógrafo político. Pocos años más tarde, la foto del Che le reportó el éxito internacional, pero hoy podemos afirmar que esta imagen no es representativa de su obra. Ni siquiera está entre sus mejores trabajos. Aunque la apreciaba por razones obvias, Korda así lo admitía. Pero el éxito de la foto no se debió tanto al retrato en sí como a la proyección mística del personaje retratado", explica Vives, quien recuerda que en realidad "Korda no fotografió mucho al Che. Tampoco a Fidel. Su mirada estaba en otra parte".

Esa otra parte tiene que ver con el trabajo que desarrolló en su estudio entre 1954 y 1960 en virtud de la que era su verdadera dedicación: la publicidad y la moda. Su especialidad eran los retratos de modelos, "en correspondencia con su permanente búsqueda de la belleza, encarnada en la mujer. No se trata sólo de una cuestión frívola: para Korda, que tuvo numerosas amantes hasta su muerte, la belleza era también una cuestión humanista". Así, la primera de las dos salas en las que se distribuye la exposición de La Térmica contiene a su vez dos secciones debidamente confrontadas: la consagrada al Estudio Korda, con imágenes de modelos y de artistas de cine realizadas entre 1954 y 1960; y la que, bajo la denominación La mujer, recoge imágenes de milicianas participando en los desfiles militares del 26 de julio en la plaza de la Revolución. "Esta disposición permite comprobar que, en ambos casos, Korda presta atención sobre todo a la mirada y al rostro de la mujer como expresión de belleza. Bajo este criterio fotografió a sus modelos. Y cuando en 1961 la publicidad quedó prohibida en Cuba, una vez que Korda ya había perdido su estudio, mantuvo exactamente el mismo procedimiento en la calle, donde siguió buscando la belleza en el rostro de aquellas mujeres revolucionarias", destaca Vives. Al fondo, a modo de declaración de intenciones, un Che Guevara sonriente parece posar entre dos modelos al más puro estilo pin up.

En la segunda sala, de nuevo se ofrecen dos secciones en contraposición: El pueblo, con imágenes de la vida cotidiana en la Cuba que acababa de inaugurar la Revolución; y Los líderes, donde sí cobra especial protagonismo un Fidel Castro "que comprendió el potencial de la publicidad a la hora de divulgar una determinada imagen de la Revolución. Por eso permitió que Korda lo acompañara en sus discursos. Pero él seguía buscando, ante todo, la belleza. La famosa foto del Che, tomada en un funeral de manera casi fortuita, es en realidad resultado de la intuición de un publicista nato que busca la belleza en cualquier rostro que se le ponga a tiro".

En 1968, Korda "dejó de ser llamado por los militares", según Vives, y aprovechó para emprender un proyecto pendiente: fotografiar el mar. Para ello, se alió con una investigación oceanográfica y comenzó a fotografiar los fondos marinos cubanos con una vocación renovada y una reveladora mirada puesta en las distintas especies marinas. En aquel mismo 1968, sin embargo, volvió a perder su archivo y en él la mayor parte de sus fotografías submarinas. Sólo se salvaron algunas instantáneas que nutren la quinta sección de la exposición de La Térmica, El mar. A partir de entonces, "Korda se involucró en algunos tímidos intentos de recuperación de la industria de la moda y la publicidad en Cuba, pero sin el éxito de antes. Al mismo tiempo, sus fotografías revolucionarias lo convirtieron en un fotógrafo cada vez más reclamado y expuesto en todo el mundo, incluido el París en que murió", añade Vives. "Al final de su vida, mi padre manifestó su deseo de dejar su trabajo, el de un fotógrafo de una isla pequeña, como testimonio de su paso por la vida a las nuevas generaciones. Y aquel deseo se ha cumplido", apunta la hija del propio Alberto Díaz Gutiérrez, Diana Díaz. Con Che o sin él.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios