Moisés Vargas | Crítica Cocido a fuego lento

  • El primer disco del cantaor onubense Moisés Vargas es una obra fresca y comprometida con la tradición jonda

El joven cantaor onubense Moisés Vargas El joven cantaor onubense Moisés Vargas

El joven cantaor onubense Moisés Vargas / Grupo Joly

Moisés Vargas (Cartaya, Huelva, 1988) es la confirmación de que el milagro del cante flamenco de Huelva de principios del siglo XXI no es un fenómeno puntual sino que, al menos en 2018, está teniendo continuidad. Posee Vargas una voz poderosa y, según podemos apreciar en esta obra, un repertorio amplio.

Portada del disco de Moisés Vargas. Portada del disco de Moisés Vargas.

Portada del disco de Moisés Vargas.

En los tientos, clásicos, apreciamos influencias de Morente, así como de los maestros del de Granada. No obstante la apuesta de Vargas no va por la vía del lirismo, como buena parte de sus paisanos contemporáneos, sino por la de la contundencia. Un cante bronco, visceral, que se echa de menos entre las jóvenes generaciones. Confiesa en los créditos el de Huelva su admiración por El Pele. Tiene el buen criterio de firmar la malagueña de Chacón con el nombre de Chacón que, aunque parezca una perogrullada, resulta un procedimiento bastante excepcional: acreditar la pieza con su autor y no firmarla como propia. La murciana del Cojo de Málaga es ejemplar en su conjunción de lirismo y fiereza. Un estilo francamente raro en nuestro tiempo. Es una melodía de taranta muy particular, una delicia. En las seguiriyas de los Puertos sigue el modelo, con excelente criterio, de Antonio Mairena. La seguiriya es, acaso, el tema más impactante del disco, con casi 10 minutos de duración: contundencia, fiereza, austeridad y sentido recto del cante. Por fandangos se acuerda, naturalmente, de su tierra. Incluyen estribillos a coros, firmados por Antonio Jaraqueño. También las alegrías y las bulerías, que son los temas más pop del disco y que firma el propio cantaor, incluyen estribillos a coro. El disco se cierra con una versión de la canción La Tana que popularizó en su momento Carmen Amaya, y que incluye aquí el piano de Juan Antonio Sánchez. La guitarra la pone el cordobés Niño Seve, pues Vargas vive en Córdoba desde hace unos años. El joven guitarrista ofrece algunas falsetas que son pura miel. Un disco moroso, cocido a fuego lento que puede convertir a su intérprete en una estrella de los festivales de verano pues sus condiciones son muy del gusto de este tipo de eventos.

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