Fahmi Alqhai. Músico y director del Festival de Música Antigua "Este año hemos sido más buenos, vamos a gustar más a los puristas"

  • El responsable del Femás ultima la nueva edición de la cita, que arranca la semana próxima y que contará con "grandes nombres internacionales y lo mejor que está pasando en España"

Fahmi Alqhai, ante la Iglesia del Salvador. Fahmi Alqhai, ante la Iglesia del Salvador.

Fahmi Alqhai, ante la Iglesia del Salvador. / Belén Vargas

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El violagambista Fahmi Alqhai (Sevilla, 1976) lleva ya una década a cargo del Festival de Música Antigua de Sevilla (Femás), un tiempo en el que ha combinado el rigor y también cierta frescura y amplitud de miras para devolver el músculo a una cita que antes de su llegada no atravesaba su mejor momento. El día 23, en el Espacio Turina, Le Poème Harmonique abre con Il terremoto, en la que Antonio Draghi (1634-1700) recreaba el temblor de tierra que acompañó la muerte de Jesucristo, la edición número 36 de un encuentro que guiará a los espectadores por "la diversidad musical en la Iberia medieval".

–Hace diez años que llegó a la dirección del festival. ¿Cómo valoraría el trabajo realizado?

–Al Femás lo conocían los sevillanos, y pocos. Y ahora hablamos de un festival con empaque en Europa entera. Todos los grandes grupos del continente nos tienen dentro de su agenda, quieren estar aquí. El otro día estuvimos viendo las cifras de público y comprobamos que casi se había duplicado en estos diez años. Creo que es un festival consolidado: hoy nadie se plantea si debe seguir o no, y esa duda estaba ahí hace un tiempo.

–Desde el festival apuntan que ésta es "posiblemente" la edición "más sólida y compacta de su historia". ¿Qué virtudes llevan a esta afirmación?

–Es una edición bastante compensada porque tocamos muchos palos. Tenemos una inauguración y una clausura imponentes. Aparte del ciclo central, que aborda el medievalismo ibérico, hay mucha presencia de grandes nombres internacionales y de posiblemente lo mejor que está pasando en España. Siento, además, que se han consolidado grandes alianzas que hemos ido haciendo en estos años y que se han vuelto indispensables.

–Ha mencionado la inauguración y la clausura: la primera con Il terremoto y la segunda con Israel en Egipto, y con dos formaciones tan potentes como Le Poème Harmonique y The Sixteen.

–Poder programar dos conciertos así es un gran logro. Son dos obrones, y los interpretan grupos que son banderas de la música antigua a nivel mundial. Eso de abrir con un superoratorio y cerrar con otro era impensable hace un tiempo, en primer lugar porque habría sido loco pensar que contaríamos con un público tan amplio como para poder llenar la sala. Il Terremoto, de Antonio Draghi, es una maravilla, significó mucho para la expansión de la música italiana en esa época. Y tener a Le Poème Harmonique con Vincent Dumestre puede definirse como un lujo. E Israel en Egipto es una de las grandes revoluciones corales que se hicieron en la época, una obra maravillosa, y hablamos de Haendel y The Sixteen: todo apunta a que será una noche memorable. Arrancar el festival con ese concepto del oratorio venido de Italia, que en muchos casos se les llamaba óperas sacras, y acabar con ese Israel en Egipto, que se hizo cuando los oratorios están consolidados, plantea un recorrido muy interesante.

–Suena un tanto tópico hablar del crisol de culturas que convivió a lo largo de la historia de la Península Ibérica, pero ustedes lo ilustran con un amplio programa.

–Yo quería recuperar el medievo pero que no nos quedáramos en lo clásico, las Cantigas de Alfonso X, sino salirnos de ahí y mostrar las grandes obras que forjaron la identidad hispánica, ese crisol de culturas que convivieron en la Península. Yo siempre defiendo que gracias a esas influencias, y gracias a la huella más tardía de la música negra y del descubrimiento de América, la música española tuvo en el siglo XVI esa personalidad tan arrolladora, por la que pudimos entrar en los palacios y más tarde en los teatros de toda Europa.

–Entre los nombres destacados de esta edición está el Premio Nacional de Música César Camarero, del que se estrenará una obra. ¿Piensa seguir haciendo encargos a otros compositores?

–No me gusta comprometerme con nada porque todos cambiamos, y es difícil en un proyecto de estas características mantener la palabra. No quiero decir que todos los años tendremos a un autor contemporáneo porque igual en otra edición no encuentro una cosa que encaje. El concierto que darán El León De Oro y el grupo KEA va a ser muy emocionante. Al grandísimo nombre que es César Camarero hay que sumar el homenaje que hace no sólo a los compositores renacentistas, también a la poesía de Carlos Wamba, que era un hombre muy querido.

–Ese concierto de El León de Oro se ha trasladado de la Catedral a la Iglesia del Salvador, uno de los grandes espacios con los que dialoga el Femás, como el Alcázar, San Luis de los Franceses o la Iglesia de San Alberto.

–Un festival consagrado al patrimonio musical no puede dar la espalda al patrimonio arquitectónico. El problema es que no podemos utilizar con más facilidad esos espacios. La verdad es que el festival no tiene el apoyo que debería tener de la Iglesia, dependemos de voluntades particulares que nos ceden o no esos lugares. Eso me parece una pena, teniendo en cuenta la estrecha relación que las obras que se interpretan tienen con las iglesias. Desaprovechar esos espacios tan magníficos para este tipo de música es absurdo.

"La Iglesia debería apoyarnos más a la hora de cedernos espacios. Dependemos de voluntades particulares"

–Siempre ha hecho hincapié en abrir la oferta a otros públicos y dialogar con otras músicas. Hace tres años, por ejemplo, sorprendieron incluyendo a Orthodox en la programación. Esta vez, ¿qué transgresión se han permitido?

–[Sonríe] Hemos sido más buenos, vamos a gustarle más a los puristas. Sigue habiendo propuestas que se salen de lo más convencional, como lo de César Camarero o el concierto de Hippocampus con Jorge Pardo. Y en festivales como éste, por ejemplo, la música andalusí o la sefardí resultan muy minoritarias, y nosotros las programamos. Pero podríamos decir, sí, que esta edición nos ha salido más clásica. Conformar una programación es algo complejo y este año nos ha salido el puzle así. Pero no hemos perdido esa voluntad de ser los chicos malos de los festivales de música antigua.

–En la entrevista que publicó este periódico el pasado año, hablaba de buscar la participación de la Junta como "uno de los grandes asuntos que tenemos que resolver". ¿Ha avanzado algo con el cambio de Gobierno?

–Tenemos que empezar a gestionarlo. Son tiempos complicados, porque entre abril, mayo, junio, con las elecciones, va a moverse todo. Tenemos que hablar, y supongo que el planteamiento será diferente al anterior. Siempre he defendido que quien nos apoye debe respetar el concepto del festival. Hay veces, y no lo digo por la Junta, que las colaboraciones son más cadenas que solución, generan más problemas que beneficios. Esas decisiones hay que sopesarlas.

–Pero sumar alianzas permite poder afrontar nuevos retos. Plantearse, por ejemplo, la producción propia con ambición...

–Una ópera escenificada sería un sueño, pero está muy lejos con el presupuesto que manejamos. Una propuesta de un cierto nivel se llevaría unos 200.000 euros, casi lo que dedicamos a la contratación artística. Para pensar en una historia así necesitamos el doble de presupuesto. Aquí tenemos condiciones fabulosas: la Orquesta Barroca de Sevilla, el Maestranza... entre todos podríamos dar forma a un proyecto estupendo, pero hoy por hoy no parece una opción realista.

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