Las mujeres y el fútbol

Cuando tengo algo que decir si en la reunión hay hombres, nadie escucha lo que tenga que añadir a la tertulia

Los domingos estaban marcados por la agenda futbolística. A media mañana el pueblo entero acudía al campo para ver el partido. De lo que más sorprendía de aquellas mañanas eran las palabras que se le dirigían al árbitro en partidos de nimia importancia, sin ninguna trascendencia más que la de pasar un buen rato antes de tomarse la cervecita del fin de semana. Palabras mayores que casi siempre eran pronunciadas por los familiares de los propios jugadores. Quien ha estado en partidos de tercera seguro que sabe lo que son. El sonido de las pipas al caer, la grada gritando y los jugadores pronunciando en voz ronca sus nombres para reclamar el pase.

De esos partidos de mi infancia, en los que el árbitro era el peor parado, recuerdo uno en concreto. Una mujer estaba en el centro del campo aquel domingo. Una árbitra que, con la misma eficiencia que sus compañeros, pitó aquel partido en medio de los gritos. De la agresividad general que se desprendía en cada encuentro, aquella era especialmente llamativa. Casi todos los hombres acudían al insulto de “Vuelve a la cocina” o “¡Madre mía, si no te sabes ni las reglas!”.

Siempre me ha gustado el fútbol, hasta aquel germen local al que iba cada domingo por elección propia. Según muchos sigo sin saber de fútbol y cuando tengo algo que decir si en la reunión hay hombres, nadie escucha lo que tenga que añadir a la tertulia. No por mí, claro, sino por mi género. Las mujeres no saben de fútbol y no hay nada más que añadir. No sé cómo lo va a hacer entonces la árbitra francesa Stéphanie Frappart que pitará el próximo 14 de agosto la Supercopa entre el Liverpool y el Chelsea en el estadio Besiktas Park de Estambul. Será la primera mujer que arbitre una final masculina de competición europea.

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