Los Patios de Córdoba en tiempos de crisis

Duartas, 2: El patio de Córdoba de una arquitecta de las plantas

Duartas, 2: El Patio de Córdoba de una arquitecta de las plantas

Isabel Luque es algo así como una arquitecta floral de su patio, el de Duartas, 2, en el Alcázar Viejo. Isabel cuida hasta el más mínimo detalle en el mismo y tiene una gran variedad de plantas que atesora repartidas estratégicamente por el recinto, también en tiempos de crisis, tiempos en los que el patio no entiende de coronavirus.

Duartas, 2 era una antigua casa de vecinos "que mi marido, Ignacio (Álvarez) y yo compramos ya rehabilitada en 1979 para formar nuestra familia". Isabel detalla que la casa tuvo una "gran reforma en 1975, de ahí que empezara a presentarse al concurso municipal dentro de la categoría de arquitectura moderna".

"Nosotros le tenemos mucho cariño; éramos muy jóvenes cuando la compramos, teníamos 22 años. Entonces estuvimos dudando sobre si nos comprábamos la casa en San Lorenzo o en Alcázar Viejo, y acabé ganando yo", recuerda.

El número 2 de la calle Duartas es, además, todo un ejemplo de que nadie abandona para siempre este mundo, de que la memoria de los que se van sigue muy viva y muy presente entre los suyos. Cuando Luisa Moya fue consciente de que su marcha estaba próxima le pidió a su hija Isabel (Luque) que sus cenizas acabaran reposando en el patio de esa casa.

En Duartas, 2, Luisa quería continuar compartiendo las frecuentes reuniones familiares que se desarrollan en ese recinto de Duartas, 2, herederas de las que antes tuvieron lugar en el patio del número 24 de la cercana calle Postrera, domicilio que la madre de Isabel compartía con su marido, Baldomero Luque Moreno, El Meri.

Para la familia de Luisa y Baldomero, era cita obligada ir a desayunar sábados y domingos a Postrera, 24 y después permanecer horas y horas en la casa de los abuelos para regar la convivencia familiar con cerveza o lo que terciase.

Cuando la madre de Isabel se puso enferma, trasladaron esos encuentros a su casa, en la que además se han celebrado los bautizos y cumpleaños de sus dos hijos. Las cenizas de Luisa –que reposan sobre un pozo ciego entre dos arriates y junto a un limonero- están constantemente acompañadas de las flores que siempre le gustaron.

De ese patio de aquella casa de labranza –Postrera, 24- en la que El Meri tenía además su ebanistería, Duartas, 2 ha heredado plantas, entre las que se encuentran helechos finos, una costilla de Adán, una oreja de elefante, una gran buganvilla, un pacífico, pilistras que acumulan muchos años y un gran geranio al que el paso del tiempo ha hecho muy basto y duro.

Además, en Duartas, 2 la vida sigue aunque a veces del revés por la pérdida del siempre animoso joven Luis, quien, aunque se marchó, sigue y seguirá siempre estando presente en el mismo. El joven, uno de los dos hijos del matrimonio, junto con Ignacio (a quien llaman Nacho), tiene su propio mosaico en el recinto que reza que es El Patio de Luis.

En Duartas ,2 Isabel sigue la tradición de su madre, la de los patios clásicos, y, como ella, combina con cuidado la vegetación de sol y la de sombra, y no sólo coloca geranios y gitanillas; a ella le gustan mucho las begonias, los miramelindos y la alegría de la casa, entre otras.

A Duartas, 2 se accede por un zaguán que, al cruzarlo, te fascina, porque no sabes lo que te vas a encontrar. Desde su compra, la casa ha sufrido alguna que otra reforma. El patio, por ejemplo, era central y lo han convertido en lateral. Además, en él se nota la mano de herrero de Ignacio, arquitectónicamente hablando, y la de Isabel, vegetalmente hablando. "Tengo una gran variedad de flores, porque además de que me gustan muchísimo, también me gusta tener variedad", detalla.

Cuenta que al ser una casa nueva recuperaron los arriates, "para sembrar en ellos árboles y arbustos, que necesitan una gran cantidad de tierra". Para destacar entre las plantas a una datura, "que es una flor muy antigua y que llaman la flor de las brujas, además de un naranjo y un limonero puestos en espalderas". Isabel explica que poner los árboles en espaldera es de origen árabe, "al no ser los patios grandes se ponían de esta manera porque así no ocupaban sitio, además de que eran aislantes naturales".

También destaca un gran jazmín, "también antiguo", de unos 35 años, y "una flor que era de mi abuela y que solo mi madre tenía en este barrio". En esa parte todo lo demás son geranios y gitanillas, entre ellos un geranio muy antiguo que llaman de plumas. Luego, a la subida de la escalera tiene colocadas las plantas que necesitan poco más de sol y de flor, "como gardenias y también gitanillas y geranios".

Imagen del patio de Duartas, 2. Imagen del patio de Duartas, 2.

Imagen del patio de Duartas, 2. / Juan Ayala

"A mí me gustan las flores antiguas y seguir la tradición de tener plantas autóctonas nuestras, pero siempre se le debe de dar un toque de más color al patio y modernizarlo", defiende Isabel, poniendo el ejemplo de las surfinias y las petunias que con las cuenta en el recinto, por un lado, y por el otro "un geranio muy antiguo en Córdoba que se llama coanula y del que se sacan antibióticos". También son muy antiguos los pensamientos, los pericones y las alegrías de la casa, además de unas gitanillas "que eran de mi madre y que se llaman pencinas".

En la galería, como manda la tradición, tiene plantas "que no quieren mucho sol", desde pilistas a helechos y costillas de Adán. Y luego tiene un rincón dedicado a flores aromáticas y curativas. Entre ellas, yerbabuena, perejil, orégano, le melisa y la paciflora. "Estas dos últimas son relajantes", relata.

Ese rincón también está ocupado por la hierba luisa, una planta que ya estaba antiguamente en los patios, "que es muy digestiva y que también la usan para fabricar colonias para los niños". Y también tiene en el mismo rincón lavanda y aloe vera. "Ahora está muy de moda, pero en los patios siempre la ha habido. Se utilizaba para curar aplicándola con una pequeña gasa a las pupitas que se hacían los niños, porque tenía algo de antibiótico, por lo que se le llamaba sanalotó".

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