Málaga Cine

Chorizos de buen corazón 'amb tomaca'

¿Por qué las salas del cine Albéniz huelen a desinfectante? Pues tal vez porque después de acoger la programación de Zonazine cada año durante el festival, es lo menos que se puede hacer. Bueno, ya tenemos aquí otra edición, así que lo que toca es armarse de valor y acudir a esa sesión de prensa de las cuatro de la tarde de tan infausto recuerdo para este sufrido crítico.

La película encargada de abrir este año la sección más alternativa y dicharachera (es un decir) del certamen ha sido 25 kilates, puesta de largo del navarro Patxi Amézcua, que viene de revolucionar la escena del cortometraje nacional con el multipremiado Mus.

Amézcua presenta una historia de ladrones (buenos) y polis (malos) ambientada en la Barcelona del tripartito . Kay (Aida Folh) es una suerte de Martha Hólmez (acudan raudos a leer Los Cabecicubos, el tebeo de Jan), que conoce a Abel (Francesc Garrido), un matón que la ayudará a salvar a su padre (un perista de poca monta) del lío en que se ha metido, relacionado con la venta de unas joyas robadas que valen un riñón y aderezado con la presencia de algún que otro poli corrupto.

Resultado de mezclar salvajamente en una coctelera de bar de tercera Jackie Brown, Nueve Reinas, El cor de la ciutat, un videoclip de Refree y derramarlo sin cuidado en un vaso sucio, la cinta de Amézcua parte de un propósito estimable (ofrecer una historia de género negro digna), pero se la pega frontalmente contra varios de los mandamientos que rigen el género.

La trama no sorprende ni a un niño de diez años (que para eso se curten con el Grand Theft Auto y bien que les va), y a los actores no hay quién se los crea. Dudo mucho que alguien salga de la sala convencido de que Francesc Garrido es un duro ex-boxeador. Un personaje de Cesc Gay, vale, pero ex-boxeador, no, lo siento. En fin, me voy a poner El crack en el DVD.

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