Simón Elías | Alpinista

"El sexo es una magnífica montaña rusa"

Simón Elías Simón Elías

Simón Elías / Víctor Rodríguez

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En tierra firme el alpinista se da un homenaje con un buen gin tonic mientras aspira el humo de un cigarrillo de liar. "Hay que disfrutar de la vida también", asegura Simón Elías Barasoain (Logroño, 9-10-75) antes de la promoción de su último libro, Las ventajas de ser antipático. Tribulaciones de un aventurero desnudo (Pepitas de Calabaza). Este aventurero pertenece a la selecta Compañía de Guías de Chamonix (Francia), la más antigua del mundo y en la que sólo hay un extranjero, él, de 300 cooperativistas. En verano lo contrataron para hacer de guía en Groenlandia y su próxima peripecia será en México.

-¿Cómo se atreve a promocionar un libro con semejante título, Las ventajas de ser antipático, en Sevilla, el lugar con más siesos y malajes por metro cuadrado del universo?

-Por eso, ¿no? Porque defiendo la antipatía.

La primera vez que fui a Ginebra, aparqué el coche y me encontré a Urdangarín paseando un perrito"

-Pregona la bondad de hacer algo ilegal al día. ¿Cumple con ese precepto?

-Lo intento. Es un pequeño guiño, una travesura, pero más que nada un estado de alerta, no dejarnos convencer porque vencidos ya lo estamos, e intento tener esa actitud, un poco traviesa, irreverente, insurgente.

-¿Los futbolistas lideran el escalafón de antipáticos entre los deportistas?

-No sé muy bien porque paso muy rápido las secciones de Deportes y Economía de los periódicos.

-Siendo riojano, ¿no estaría más a gusto en la calle Laurel de Logroño tomando champiñones y tinto que escalando riscos?

-Sí, y lo hago habitualmente, pero mi pasión es la montaña y escalo en distintos lugares del mundo. Vivo en Chamonix (Francia), aunque viajo por todo el planeta.

-Afirma que "escalar una montaña sabiendo que tienes muchas posibilidades de morir es algo idiota" o que "la épica no entretiene". Supongo que no preside ninguna asociación alpina...

-Hay una parte de riesgo en la montaña y eso lo hace interesante. Cuando uno se arriesga es porque está llegando al meollo del asunto, no mira la vida con un teleobjetivo, sino a los ojos bien cerquita.

-¿Qué piensa al hollar una cima: qué hago yo aquí, ahora me toca bajar, dónde está Dios?

-Cuando llegas arriba lo que piensas es en bajar, salvo en Suiza. Decía Julio Camba que cuando llegaba a una cima allí, siempre temía que le saliera un hostelero a venderle algo. Una ascensión no termina hasta que estás abajo; la mayoría de los accidentes son bajando.

-¿La foto desnudo de la portada es una cima?

-Es abajo, pero tengo una colección de desnudos en las cimas más imposibles del mundo que algún día será un archivo histórico.

-¿Esa querencia por salir en cueros es mero marketing o hábito montañero?

-Es una costumbre. Soy muy de desnudarme desde pequeño y va con esa irreverencia de ser antipático, una pequeña concesión para desafiar un poco las leyes imperantes. Lo establecido hay que criticarlo siempre, evaluarlo y cuestionarlo.

-¿Le da pereza la vida anodina de cualquier ser humano en comparación con la de un sherpa?

-Los sherpas tienen una vida bien jodida, así que no sé si es muy envidiable. Pero la vida anodina de cualquier humano es igual de jodida. Quizás por eso soy guía de montaña, una profesión un tanto extraña, quizás por eso también soy escritor y por eso también escribo con una visión un poco diferente. No soy un tipo que frecuente los círculos literarios ni los alpinísticos. Es como si estuviera en aguas internacionales constantemente.

-El periodismo está de capa caída. ¿Tengo más porvenir en el alpinismo?

-El alpinismo es sobre todo una cuestión mental, así que con todo lo que sufre un periodista, le iría bien.

-Su anterior obra, Alpinismo bisexual, podía haber sido un tratado de cómo aviárselas para hacer un trío mientras se escala un ochomil, ¿no?

-Es un libro que empieza a indagar en esta irreverencia que al final es una apertura. Esa idea la he continuado en Las ventajas de ser antipático, trabajar con conceptos que parece que no cuadran como alpinismo y bisexualidad, pero sí hay muchos alpinistas y muchos bisexuales, gente que vive una sexualidad más plena y por ahí va el nuevo libro. La gente busca la victoria y lo brillante, y yo lo anómalo, lo defectuoso, lo que queremos esconder debajo de la alfombra.

-¿Con los crampones puestos se liga más?

-Se liga los dos primeros metros, cuando sobrepasas la barrera de los cinco no llegan y al final lo que ocurre es que nos quedamos solos.

-¿Cómo se llega de la región más remota de Pakistán al balneario más pijo de Francia?

-Soy muy polifacético, un poco como Groucho Marx, no pertenezco a ningún club donde quieran admitirme, y lo mismo puedo compartir saco de dormir con dos porteadores baltíes en Pakistán que ir a una recepción con la gente guapa de la jet set.

-Cuente algún cotorreo de Chamonix.

-La primera vez que fui a Ginebra, que está al lado, aparqué el coche y al primer tipo que me encontré en la calle fue a Urdangarín paseando un perrito.

-El sexo suele asociarse a la horizontalidad. ¿Es posible practicarlo en una pared vertical de roca?

-El sexo es una magnífica montaña rusa y una de las grandes pulsiones humanas. Si indagamos en el sexo, lo hacemos en lo más profundamente humano.

-¿Usted prefiere palmarla en la cama o en mitad del monte?

-En el monte, es mucho más barato. Y allí te quedas.

-Se apellida Elías Barasoain. Podría haber jugado en el Athletic o en la selección de Israel.

-Soy un fan de los países islámicos y cuando viajo allí me paran habitualmente en los controles por el Elías.

-Suelen contratarlo personas de alto nivel adquisitivo. ¿Hay sintonía?

-Por mucho que crean los revolucionarios, la gente de pasta, en general, es muy interesante.

-El alpinismo está muy ligado a las falanges. ¿Se han puesto en contacto con ustedes los de Vox?

-¿Qué es Vox?

-Un partido de ultradererecha...

-¿De qué país?

-De España...

-Ni idea. En Francia vivo en un agujero negro político.

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