Almudena cid | Ex gimnasta y actriz

"Me sentí muy sola en mi infancia"

Almudena Cid Almudena Cid

Almudena Cid / José Ángel García

Almudena Cid (Vitoria, 1980) abandonó la competición de la gimnasia rítmica a los 28 años en los Juegos de Pekín 2008 después de acudir a cuatro citas olímpicas, la única que lo ha conseguido en su deporte: "Nunca entendí por qué una bailarina con 35 años estaba encima de un escenario y nosotras no podíamos permitírnoslo". Presenta La libertad enjaulada (Alfaguara), la segunda entrega de El mundo de Olympia, la serie donde la autora hace un recorrido ficcionado por su carrera deportiva. "Puedo ayudar más a la gimnasia escribiendo que como entrenadora. Es una forma más original, más creativa, que estando dentro de la Federación", afirma la ahora actriz

-Hace 10 años que se retiró en los Juegos de Pekín con un beso en el tapiz y las notas de Nessun Dorma. ¿La despedida perfecta?

-Sí, rotundamente. Me costó ocho años encontrar ese momento, el lugar, el dónde, el cuándo, el cómo. No en todos los deportes se goza de ese privilegio.

-Pudo elegir.

-El hecho de querer demostrar que nuestro deporte no es de niñas, sino de mujeres, hizo que pudiera alargar mi carrera hasta llegar a Pekín. Fue un beso agridulce, porque estaba dejando lo que más amaba en mi vida.

-¿Y el día después?

-Me acuerdo que cuando me desperté a la mañana siguiente tenía la sensación de flotar. Me había quitado una mochila de encima.

Un técnico tiene que exigir, pero prefiero entrenadores que saquen menos resultados y formen a personas"

-¿Hacia dónde fue Almudena Cid?

-Tuve ofertas de trabajo que rechacé porque no estaba en un momento de decidir si eso era lo que quería y tuve que la paciencia de esperar a que llegara algo que me llenara. Y eso fue la interpretación.

-Recientemente se confesó presionada para ser madre

-La gente no se para a pensar que he estado 21 años metida en un tapiz y que no he podido hacer nada más. Ahora tengo tiempo para tomar un café y viajar y no estar pensando las 24 horas en una cosa. Eso no quiere decir que no vaya a ser madre.

-Se dedica en la era de la dictadura de los móviles a la literatura infantil. ¿Es más difícil que competir contra rusas y búlgaras?

-No lo he sentido así. Mi forma de dejar el legado de lo que he aprendido es la más inteligente, escribiendo para las niñas y los niños que quieran dedicarse a este deporte. No esperaba la acogida que he tenido. Afortunadamente, la literatura engancha.

-¿Y escribir la libera?

-Es una catarsis.

-¿Tuvo una infancia feliz?

-Tuve mucho cariño por parte de mi familia, pero el hecho de irme tan pronto de casa es algo irrecuperable.

-¿Se sintió muy sola?

-Sí. Por eso en los libros hago mucho hincapié en las amistades, en las compañeras, en resolver conflictos... porque me sentí muy sola. Es la parte quizás más ficcionada de mis historias.

-Me sorprende que creyera que era mala gimnasta.

-Bueno... Con 21 años vi un vídeo de cuando tenía 12 y dije: "Pero si era buenísima". ¿Cómo podía tener ese sentimiento de creer que no avanzaba como las demás, de no ver mis cualidades? Eso es parte de mi personalidad. Se repite el patrón (risas), porque me ocurre cada vez que inicio cualquier proyecto.

-¿Un deporte que a los 14 años exige estar en la élite es sano?

-Ese pensamiento hizo que quisiera mejorar, que no me apalancara. Fue clave para prolongar mi carrera.

-¿Cuántas veces ha llevado su cuerpo al límite?

-Unas cuantas.

-¿Y mentalmente?

-También. O mejor, me han llevado. En el plano físico recuerdo una ciática, que creí que no salía de aquella. Fue terrible. Luego he competido con un pie infiltrado, no lo sentía y fue bastante traumático.

-Eso es muy duro

-Y psicológicamente, fue en la situación en que me puso en su día la Federación por querer entrenar en Barcelona. Fue un gran desgaste.

-¿No se sintió apoyada?

-En su momento, no. Porque entrenaba en Barcelona y querían centralizar el equipo en Madrid. Me opuse. Al final, salí victoriosa, pero ¿a base de qué? ¿Poniendo a otras gimnastas en una tesitura complicada? La Federación no fue nada inteligente.

-¿Cuándo fue?

-Sobre todo desde 2000 a 2004... Recuerdo que tuve que competir obligada con aquella ciática porque si no lo hacía, no iba a los Juegos. No había nada de humanidad. Fue un linchamiento alucinante.

-Además, los entrenadores no tienen buena fama

-Entiendo que un técnico en un gimnasio tiene que exigir. Pero los vídeos que han salido del entrenador japonés [Yuto Hayami] no son deporte. Prefiero entrenadores que saquen menos resultados pero que formen personas, que las hagan crecer. De mis cinco entrenadoras nunca tuve un maltrato ni una vejación.

-Su madre jugó al fútbol femenino. ¿Cómo han evolucionado los tiempos?

-Las cosas han cambiado, pero aún nos queda muchísimo. Creo que este boom del MeToo, de la igualdad, está teniendo resultados.

-Ya hay más visibilidad

-Ha sido muy fuerte. Es que hay cláusulas antiembarazo. Es terrible cuando empiezas a ver esos datos que yo desconocía, porque en mi deporte la desigualdad existe en el hombre. Ahí nosotras tenemos que apoyarlos y no mirar para otro lado.

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