Mar Cambrollé | Presidenta de la Federación Plataforma Trans

"Una mujer trans en una esquina era una bandera de libertad"

La presidenta de la Federación Plataforma Trans, Mar Cambrollé. La presidenta de la Federación Plataforma Trans, Mar Cambrollé.

La presidenta de la Federación Plataforma Trans, Mar Cambrollé. / Joaquín Hernández Kiki

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-Cuarenta años de lucha por la libertad sexual y de identidad en Andalucía, ¿tenemos mucho que celebrar?

-Ha sido como pasar de la foto en blanco y negro a la fotografía digital. No estamos en el mismo espacio. Antes las personas trans éramos objeto del exilio familiar, no podíamos estudiar e, incluso, la única salida laboral para poder subsistir era la prostitución o el espectáculo. Hoy podemos decir que el 90% de los jóvenes transexuales están todos en las universidades, que de las personas trans que se dedican a la prostitución en este país no llegan a un 5% las españolas o que si antes teníamos miedo a la Policía, hoy nos protege. Han cambiado muchas cosas, no sólo tenemos leyes que nos igualan en derechos sino que nos protegen de la discriminación. Y para mí esto, habiendo vivido lo que viví hace 40 años, significa que he podido tocar la utopía con la mano.

El machismo lo atraviesa todo y el colectivo LGTBI no está exento de él, de hecho, existe un claro 'gaycentrismo"

-Pero no es oro todo lo que reluce. El 60% de las personas transexuales han sufrido algún tipo de discriminación en el mercado laboral.

-Si el colectivo LGTBI ha sido durante mucho tiempo los olvidados, las personas trans han sido los olvidados de los olvidados. Es el mismo caso que la mujer dentro de la lucha social. La raíz que vertebra la discriminación es el patriarcado, el machismo lo atraviesa todo y el colectivo LGTBI no está exento de él. En el colectivo LGTBI existe un claro gaycentrismo que reproduce el binomino poder-masculinidad, con lo cual las demás identidades pasamos a un segundo plano. Y aún más las personas trans. Fíjate que siempre se han postergado los derechos que tienen que ver con la identidad y se han antepuesto los derechos que tienen que ver con la orientación. Mira, un gay o una lesbiana pueden desempeñar cualquier puesto de trabajo, incluido de cara al público. ¿Has visto alguna vez una persona trans en un Burguer King, en un Zara...? Ahí se demuestra la crudeza de la discriminación laboral de las personas trans, en los trabajos donde no se exige ninguna cualificación.

-¿Desde cuando está instalado ese gaycentrismo?

-Desde el comienzo de nuestra lucha. El Orgullo nace un 28 de junio de 1969 en Stonewall, un bar que había en Nueva York de personas trans donde eran frecuentes las redadas policiales, las detenciones arbitrarias y el chantaje, y un día esas mujeres hechas de madera de valentía, de la valentía que surge de los correctivos que sufrimos desde que nacemos cuando nos decían "tú no eres", cuando te niegan la identidad, iniciaron unas revueltas encabezadas por las mujeres trans Sylvia Rivera y Marsha P. Johnson, revueltas a la que después se sumaron gays y lesbianas. Pues aquello se recuerda para el mundo como el Día del Orgullo Gay. Fuimos borradas de la Historia. Y se repite. Cuando una mujer trans en una esquina era, y siempre ha sido, una bandera de libertad.

-En 1976 crea el primer grupo organizado en Andalucía para defender la libertad sexual. ¿No tuvo miedo?

-Yo ya era una persona que estaba implicada en la lucha social de los barrios. Tenía una conciencia de izquierda y empatía contra cualquier situación de opresión, porque si algo me ha golpeado en la vida ha sido la pobreza y mi identidad. ¿Era peligroso? Sí. Cuando hacíamos pintadas pidiendo pan o libertad la respuesta del dictador era un tiro en la cabeza, pero el ímpetu, la valentía o la ligereza de la juventud, junto con una entrevista que cayó en mis manos a Armand de Fluvià, me decidió a luchar contra las leyes que penaban los actos de homosexualidad. Y te digo que con 18 años que tenía, no tenía claro qué era yo, porque yo también había aprendido el discurso del opresor, y el opresor decía que todos éramos homosexuales. Cuando yo me comportaba como lo que era, un niña, el corrector social del entorno lo que me decía era maricón, mariquita. Pero, aun así, me dije: si soy un maricón, soy un maricón revolucionario. E inicié este movimiento.

- Que fue importantísimo.

-Mucho. En Sevilla, en 1978, logramos reunir a todos los colectivos del Estado y marcamos una estrategia común que derivó en unas manifestaciones el mismo día en diferentes puntos del país para exigir al Gobierno de derechas de Adolfo Suárez que despenalizara los actos de homosexualidad, con lo que también obligamos a la izquierda, que no lo había hecho antes, a posicionarse. Y esto dio lugar a que el 26 diciembre del 78 en un Consejo de Ministros se aprobara excluir los actos de homosexualidad de la Ley de Peligrosidad Social, siendo efectivo en enero.

-¿La izquierda fue tibia?

-En ese tiempo es que estaban superados. Pero a partir de los 90, sobre todo, tuvimos su apoyo, pero también supeditado a un rédito. Hicieron cálculos y se dieron cuenta que 8 o 9 millones de gays y lesbianas eran muchos votos. El PSOE, por ejemplo, ha favorecido al colectivo cuando ha gobernado en algunos momentos, pero también ha tenido un discurso de que nos han regalado esto y no han reconocido que el movimiento social es el que se ha ganado a pulso esos derechos.

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