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Lydia Bosch | Actriz

“Nunca me he sentido actriz de segunda por trabajar en televisión”

Lydia Bosch en uno de los campos de refugiados del Líbano, en su visita con Save the Children Lydia Bosch en uno de los campos de refugiados del Líbano, en su visita con Save the Children

Lydia Bosch en uno de los campos de refugiados del Líbano, en su visita con Save the Children / Save the Children

Lydia Bosch (Barcelona, 1963) lleva años colaborando distintas ONG, pero hasta hace poco no tuvo la oportunidad de conocer la realidad de los refugiados. Acudió con Save the Children al Líbano, donde, en la frontera con Siria, pasan el invierno miles de expatriados. Conocida por su faceta de presentadora y protagonista de series televisivas defiende que los pequeños gestos son muy importantes para cambiar la vida de los niños que pasan por esta situación. Save the Children ha puesto en marcha programas de nutrición, atención médica, programas de educación y atención psicológica para estos menores.

–¿Qué le cuenta un niño sirio refugiado en los campos del Líbano a un equipo de Save the Children?

–Están a 15 minutos de la frontera siria. Desde allí se escuchan las bombas. Uno de los adolescentes que entrevistamos nos contó que quería ser cocinero o futbolista, pero que cuando comezó la guerra, mataron un familiar delante suyo. Al preguntarle cuál era su sueño respondió que para él era mejor la muerte que la vida. Es terrible.

–Esto ocurre en el Líbano, un país de cuatro millones de habitantes que ha acogido a dos millones de refugiados. EnEspaña viven 45 millones de personas y no hay ni 100.000.

–Es tan injusto. Pero allí también ponen muchísimos problemas a nivel institucional para que las personas puedan acceder. Lo que les pasa a ellos nos podía pasar a nosotros. Eran familias normales. Un peluquero, un agricultor. Nosotros hemos sido afortunados y ellos no. Nos hemos inmunizado ante el dolor ajeno. Al principio te toca el corazón y colaboras, pero lo vamos dejando. Se puede ayudar. El dinero que recauda Save the Children con los SMS, va para los niños. Igual que el 80% de las cuotas de socio. Nueve euros al mes son 30 céntimos al día. Con eso le das educación a cuatro niños durante un mes.

–¿La sociedad española es solidaria?

–Hay mucha gente buena, pero lo malo, a veces, hace más ruido. Cada uno es libre de pensar lo que quiera. Colaboro con Save the Children desde hace tiempo y ahora he podido ver cómo funcionan. Sentí que, como personaje conocido, podía darles voz a esos niños y niñas que están pidiendo ayuda.

–¿Era su primera vez sobre el terreno?

–En persona nunca habia ido a ningún país en conflicto. Estamos acostumbrados a verlo en televisión o en películas, pero te das cuenta que las imágenes que recibes están tamizadas. Nos comunicábamos en inglés y a través de intérpretes, pero es emocionante ver que el idioma más universal es el de las miradas, el de los abrazos y el de las caricias.

–Dentro de la campaña ha participado en un cortometraje dirigido por el hijo de Chicho Ibáñez Serrador, que fue con quien empezó su carrera.

–Me hizo muchísima ilusión. Me llamó Alejandro [Ibáñez] para un corto llamado Reality, que conmemora los 100 años de Save the Children. No me lo pensé ni un momento. Chicho fue mi mentor. Fue un rodaje muy bonito. Lo rodamos en la casa de Chicho justo en el tiempo en el que él falleció. Estuvo muy presente a nivel energético y sentimental. Ver a su hijo detrás de la cámara, con el mismo sentido irónico y ácido de Chicho, fue un trabajo maravilloso.

–Ha dedicado su carrera a la televisión y no siempre los actores de televisión han estado tan valorados como sus colegas de cine.

–Nunca me he sentido actriz de segunda por trabajar en televisión.Hubo un momento en que se consideraba a la televisión la hermana pequeña del cine, pero ha llegado un momento en que la calidad e los proyectos es tan grande que mucha gente se ha rendido a esa evidencia. Había un desprecio mal entendido. La apuesta por las series y las plataformas han abierto una puerta.

–Uno de sus últimos papeles ha sido en Netflix, como representante despiadada en Paquita Salas.

–Sí, con Los Javis, que tienen un entusiasmo brutal. Trabajar con ellos es como trabajar de vacaciones.

–Pero hay quien margina a Netflix y las plataformas en la temporada de premios.

–Lo que prima es el buen trabajo y los buenos productos. Todo lo que se hace bien, al final, sobresale. Hay que abrir puertas y no cerrarlas.

–A las mujeres actrices llega un momento que deja de llegarles papeles. ¿Ha sufrido este problema?

–Indiscutiblemente, cuando superas los 40 los papeles van siendo cada vez menos abundantes. Muchos de los papeles que se están haciendo son para chicos y chicas más jóvenes. Pero esto es de siempre. Los roles más importantes han sido y suelen ser para los hombres. Ahora empiezan a verse series protagonizadas por mujeres que tienen vida propia, que no están como bastón del personaje masculino.

–¿Es optimista respecto a esta situación?

–Siempre lo soy. Prefiero ver el vaso medio lleno. Hay mucho talento entre los hombres, pero muchísimo entre las mujeres. Creo que llegará un momento en que habrá una paridad. Hay que apostar por eso.

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