John Carlin | Periodista "Mandela era el gran constructor de puentes"

"Mandela era el gran constructor de puentes" "Mandela era el gran constructor de puentes"

"Mandela era el gran constructor de puentes" / M. G.

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John Carlin (Londres, 1956) escribe actualmente en La Vanguardia. Ha sido corresponsal y ha trabajado para medios como The Times, The Independent, The Observer, The Daily Mail, The Guardian, The New York Times y El País. Galardonado con el Premio Ortega y Gasset de periodismo, es autor de libros como El factor humano, germen de la película Invictus; Rafa, mi historia; Pistorius: la sombra de la verdad; y La sonrisa de Mandela. Ahora, junto al ilustrador Oriol Malet, publica el cómic Mandela y el general (Debolsillo), en el que se cuenta cómo se forjó el fin del apartheid en Sudáfrica: "El mensaje de Nelson Mandela tiene un valor eterno para el ser humano".

-¿Cómo surge la idea de hacer el cómic Mandela y el general?

-Muy sencillo. Se inició en Francia, donde tengo una editorial que me ha publicado varios libros y se fusionó con otra que hacía cómics y me preguntaron por una historia de Mandela que resumiera su brillantez como líder y político. Y aquí está.

"La gente disfruta del griterío, su prioridad es desahogarse en lugar de buscar una solución a los problemas"

-¿Con este formato se llega mejor a las generaciones más jóvenes?

-No lo sé, pero llegará a mucha más gente que si se hiciera un libro convencional.

-Sabemos de la figura de Mandela, pero ¿cómo era el general Viljoen?

-De los dos personajes del libro, el general es el más interesante, porque él evoluciona, experimenta un cambio enorme en su visión del mundo, de su país, de la política, mientras que Mandela es el mismo modelo del principio al fin de la historia. Para trasladarlo al terreno español, es como si el líder de Vox, Santiago Abascal, de repente se sienta, se reúne y toma un café con Pablo Iglesias. Y después de dos o tres encuentros más deciden que están de acuerdo en muchas cosas.

-Eso es impensable.

-Y decide Abascal que está dispuesto a entrar en un Gobierno de coalición que lidera Iglesias. Es muy hipotético, pero multiplica esa hipótesis por 50, porque en Sudáfrica había muchísimos más motivos para odiarse.

-Siempre ha destacado el carácter seductor de Mandela. ¿Tan encantador era?

-Sí, era muy encantador. Hubiera sido un buen sevillano. [Risas]

-¿Y no tenía sombras?

-Sí, en su vida. Tuvo una vida personal y familiar muy complicada. Pero Mandela era ante todo un animal político, biológicamente adaptado para convencer, persuadir y hacer que la gente siguiese su camino. En el terreno familiar no tenía los mismos recursos.

-¿Rafa Nadal también es tan encantador?

-Nadal no tiene esa discrepancia entre lo público y lo personal.

-Ya imagino...

-Rafa es un tipo fantástico. Si viera que lo comparamos con Mandela, diría que estamos locos, que no insulten a Mandela. Pero, dicho esto, sí tienen una cosa en común: son gente coherente. Su discurso es bondadoso, generoso y sus comportamientos en la vida son consecuentes con ese discurso. Son personas igual de respetuosas y corteses con el camarero, el fontanero o la azafata que con el presidente o el Rey.

-Quizás falta esa carácter en la política mundial.

-En los países que conozco bien (España, el Reino Unido y EEUU), hacen falta políticos que tengan el impulso de construir puentes que tenía siempre Mandela. Él veía un abismo que te separaba de tu rival político y él lo primero que pensaba era en cómo llegar a él, en cómo construir ese puente. Mandela era el gran constructor de puentes.

-Qué suerte.

-Construir puentes significa querer resolver un problema. La gente disfruta de estar indignada, de decir que tú eres un imbécil o de yo soy superior a ti. Antepone eso a la necesidad mucho más real de revolver el problema. La gente disfruta del griterío, su prioridad es desahogarse en lugar de buscar una solución.

-¿Interesa más estar en una eterna discusión?

-Exacto, interesa estar ahí peleándose y sentirse mejor que el otro: "Tú eres imbécil, incompetente...". Eso está muy bien para desahogarse, pero no lo podemos hacer siempre, ¡joder!

-¿Qué responsabilidad tiene aquí el periodismo, internet, las redes sociales?

-Bueno... Todos tenemos que aceptar nuestra cuota de responsabilidad. En general, el deporte que jugamos es de griterío y el periodismo y las redes sociales han entrado en ese juego. Es una pelea de boxeo que nunca termina.

-¿La información debe pagarse para acabar con esta situación?

-Como interesado, estoy muy a favor de que se pague por el periodismo. Me parece una especie de locura en la que hemos entrado en los últimos 15 años. Antes teníamos una verdulería y vendíamos los tomates y las lechugas y de repente los damos gratis. Es de locos. Pero seguimos pagando el alquiler del local, por la siembra de los tomates, por el transporte... Esto no es sostenible ni viable. Hay que pagar por el periodismo.

-¿Son Cataluña y el Brexit los temas más pesados del mundo?

-Nooo. Son los que más inciden en mí porque soy mitad británico y mitad español. Y aquí hago una reflexión, porque España y el Reino Unido son dos países tremendamente prósperos y afortunados. Son dos sitios donde mejor se vive en la historia de la humanidad. No es cuestión de vida o muerte y de morirse de hambre, como en Libia o Siria. Mandela y el general no tuvieron tiempo de hacer numeritos, es la diferencia.

-¿Es independentista?

-En absoluto, todo lo contrario. Todo lo que he escrito y hablado sobre el tema demuestra que soy antiindependentista. Y si hubiese un referéndum, te puedo asegurar que haría campaña a través de los medios en los que participo para que Cataluña siga dentro de España y de Europa.

-Su opinión le costó cara.

-Mi problema con El País fue que no entendí lo que ahora entiendo. Pensaba que la gente quería resolver el problema. Y no. La gente quiere seguir en el griterío con esa sensación de superioridad moral. Me equivoqué de juego. Estaba jugando al tenis y ellos al fútbol.

-¿Qué hará cuando el Reino Unido se vaya de la UE?

-Me tiraré de los pelos, pero ya he tenido dos años y medio para prepararme. Es un gran error. La gente que lidera el Brexit es oportunista, falsa e hipócrita.

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