Mikael Krogerus | Periodista "La democracia es todavía poderosa. No somos ovejas ni números"

Mikael Krogerus. Mikael Krogerus.

Mikael Krogerus. / guy perrenoud

Mikael Krogerus (Estocolmo, 1976) se crió entre Suecia y Alemania, aunque tiene pasaporte finlandés. Se graduó en 2003 en Kaospilot, una universidad danesa que se caracteriza por sus métodos heterodoxos de docencia. Tras pasar por una televisión de Nueva York, en 2005 se afincó en Suiza, donde trabaja como periodista freelance para medios tanto de ese país como de Alemania. Fue uno de los primeros en informar sobre el escándalo de Cambridge Analytica y su implicación en la campaña de Donald Trump. Junto a Roman Tschäppeler escribió el best sellerEl pequeño libro de las grandes decisiones, con quien ahora presenta El pequeño libro de la comunicación eficaz (Alienta, 2019).

-¿Era más sencillo comunicar en el pasado sin las redes sociales?

-La respuesta correcta sería sí y no.

"Las nuevas generaciones han nacido con las redes y tienen un enfoque mucho más sano a ellas"

-Eso no es una respuesta.

-La comunicación es la respuesta a muchos problemas del mundo. Cuantas más herramientas tengamos para comunicar, más interactuamos con la gente. Y al mismo tiempo, esas herramientas han hecho que el contacto sea más complejo. Estudios recientes muestran que si te relacionas con alguien sin verle la cara -por ejemplo, por Messenger, SMS o e-mail-, se tiende a ser más agresivo y menos comprensivo que si es frente a frente. Pienso que cada vez es más problemático y ,a la vez, nos permiten ser más comunicativos, lo cual es muy positivo. Por ejemplo, si hace 200 años mi país entra en guerra con otro, la gente no sabría nada de él. En cambio, ahora puedo entablar un contacto incluso personal.

-¿Estamos en una era en la que se habla mucho y se escucha poco?

-Ésa es una de las claves. Se habla, pero no se pregunta ni mucho menos se escucha. Y por escuchar no entiendo simplemente dejar que la otra persona hable, sino intentar entenderla para llegar a un punto de acuerdo.

-En su libro advierte de la tendencia a tener reuniones demasiado largas e improductivas en el trabajo. ¿Por qué nos gustan tanto esas reuniones?

-No creo que nos gusten. Tenemos miedo a tomar decisiones equivocadas. Cuanto más se hable de un problema permite no sólo entenderlo mejor, sino evitar llegar a una conclusión, lo cual es absurdo porque no decidir nada es también una decisión.

-¿Y tenemos miedo a llevar la contraria a la mayoría?

-Desde un punto de vista psicológico, sí. Tendemos a compartir las opiniones de la mayoría. La gente teme llevar la contraria, porque si lo haces, estás solo y es algo que no queremos.

-Usted fue uno de los primeros periodistas que informó del escándalo de Cambridge Analytica. ¿Ha cambiado la forma en que usamos Facebook?

-¡Debería preguntarle a Mark Zuckerberg! Hemos aprendido mucho. Una de las lecciones es que nuestro libre albedrío es muy frágil y es muy influenciable de forma inconsciente. La compañía está en una situación muy difícil y Zuckerberg debe plantearse qué ha pasado con su idea original de crear una red para que la gente interactúe. Pero también hemos aprendido que la democracia es todavía algo muy poderoso y que aún funciona el periodismo de investigación que no da nada por sentado. No somos meras ovejas o números que pueden ser manipulados. Protegemos nuestros intereses y nuestros derechos como sociedad.

-¿Las redes sociales nos convierten en esclavos de nuestra imagen?

-Estoy de acuerdo. Si te planteas para qué cuelgas algo, la respuesta honesta es para conseguir retuits y me gusta. Eso explica por qué a veces se retuitean artículos que en realidad no has leído. Interesa más la comunicación en sí que el contenido. La búsqueda de un feedback positivo es un fenómeno psicológico muy común. Una vez más, es algo que hacemos de forma inconsciente. También ocurre con frecuencia que la falta de respuestas provoque frustración o agresividad incluso hacia sí mismo. ¿Qué hacer? Criticar a las redes no es realista porque se han convertido en unas herramientas de comunicación fundamentales. Creo que estamos en el camino de lograr una respuesta a estos problemas aunque todavía no la conozca nadie.

-¿Es optimista?

-Pues sí. Soy optimista sobre el ser humano. Si observa la forma en la que los niños usan las redes sociales, es mucho más madura que la nuestra. Usted y yo crecimos sin ellas pero ellos son nativos. Mi hija tiene doce años y su enfoque al mundo virtual es muy sano. Es consciente de sus límites y del peligro de subir información personal porque se ha educado con las redes. Las nuevas generaciones tendrán un mejor comportamiento a la hora de navegar y evitarán sus efectos negativos.

-Después de escribir El pequeño libro de la comunicación, el de los grandes cambios, el de las grandes decisiones y el de las grandes preguntas junto a Roman Tschäppeler, ¿qué tratará en el próximo libro?

-Siempre nos ha interesado intentar comprender un problema y explicarlo con modelos psicológicos. Estamos trabajando en varias materias. Por ejemplo, uno de los asuntos que estamos estudiando es cómo se comportan las personas en ambientes diferentes.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios