Sergio Martos Rosillo | Hidrogeólogo

"En los acuíferos hay 200 veces más agua que en los embalses"

El investigador del Instituto Geológico y Minero de España Sergio Martos. El investigador del Instituto Geológico y Minero de España Sergio Martos.

El investigador del Instituto Geológico y Minero de España Sergio Martos. / M. G.

Los padres de Sergio Martos, investigador del Instituto Geológico y Minero de España, retornaron pronto desde Barcelona a su terruño granadino. Su destino ha estado íntimamente ligado a Sierra Nevada, su alfa y omega. Martos se crió entre Guadix y la comarca del Marquesado y parte de su familia, además, trabajó en las minas de Alquife, donde brotó su afición por la Geología. Ese antecedente, unido a que a un tío suyo trabajó en una confederación hidrográfica, lo proyectó a la especialidad de la Hidrogeología.

–¿Qué tiene el agua que no tenga la tierra?

–Los hidrogeólogos investigamos el agua que no se ve, la que está bajo nuestros pies. Si me da a elegir, como geólogo e hidrogeólogo que soy, yo no sabría con qué quedarme, al contrario que la canción de Los Chunguitos.

–¿Es el subsuelo ajeno a los virus y a las bacterias?

–Es un medio hostil para los microorganismos patógenos. La ausencia de luz impide el crecimiento de las bacterias fotosintéticas, pero también influyen aspectos como que quedan retenidos en los poros de los sedimentos y rocas y que son adsorbidos por sustancias como las arcillas. Los virus sufren los procesos anteriores y además tienen difícil encontrar organismos en los que reproducirse.

–¿Qué fue domesticado antes, el perro o el agua?

–Sin duda el perro. Aún no hemos sido capaces de domesticar del todo al agua. Las grandes infraestructuras son relativamente recientes.

–¿Hay suficientes presas en España?

–España es uno de los países con más presas por habitante y, a la par, uno de los países con más problemas en la gestión del agua. Pero seguimos con las presas, pese a que quedan pocos emplazamientos idóneos donde hacer más y de que, las que hay, están cada vez más llenas de sedimentos y regulan menos agua. Urgen nuevas soluciones. No se sale de pobre con un monedero grande.

–Usted propone una mejor gestión del agua subterránea.

–Hay que dejar de menospreciar su papel. En los mil primeros metros de profundidad de los acuíferos andaluces tenemos 200 veces más agua dulce que en todos los embalses, si estuvieran repletos. El problema surge cuando hay sequías y recurrimos de forma desorganizada a hacer pozos. Los países hidráulicamente más avanzados hacen un uso conjunto del agua superficial y subterránea. Cuando vienen años secos, explotan las grandes reservas de agua de los acuíferos y, cuando son lluviosos, recargan estos acuíferos con los excedentes de ríos y embalses. Si hiciéramos eso, podríamos domesticar al agua y nos iría mejor.

–¿Habla de introducir agua en el subsuelo para recargar los acuíferos?

–El primer lugar de Europa donde se hizo un uso conjunto de agua subterránea y superficial fue en Sierra Nevada. Los andalusíes inventaron hace más de mil años un sistema para, mediante unas acequias excavadas en el terreno y sin revestir, detraer el agua del deshielo de la cabecera de los ríos e infiltrarla en la parte alta de las laderas. El agua inyectada en primavera surge en verano por los manantiales y por los ríos, cuando más se necesita.

–Sería muy práctico hoy...

–Son ejemplos de adaptación al cambio climático. En Perú dicen que quien cosecha agua sin haberla sembrado es un ladrón.

–Eso sí es domeñar el agua.

–En Andalucía fuimos pioneros en domesticarla, pero ese conocimiento no parece haber llegado a nuestros gestores del agua, que quieren resolver todo con hormigón y desaladoras.

–¿Por qué?

–Al contrario que en muchos países europeos donde la disponibilidad de agua es mayor, en España la recarga de acuíferos no ha funcionado. Hay problemas de tipo legislativo, pero el principal es la falta de voluntad. No podemos ser una de las regiones más áridas de Europa y, a la vez, la que menos porcentaje de agua subterránea usa para abastecer a su población. Algo no cuadra.

–Los romanos fueron maestros en la infraestructura hidráulica y a los árabes se les estiman los sistemas de riego. ¿Mera supervivencia o fue un factor de su poderío?

–El clima en el que se desarrollaron las culturas romana e islámica en el solar ibérico fueron parecidas a las que tenemos en la actualidad, con veranos secos y frecuentes periodos de sequía. Ellos conocían su clima y sabían también que las aguas del subsuelo seguían surgiendo durante las épocas secas y que, además, tenían mejor calidad que las de los ríos o las de las zonas pantanosas.

–Cuenta la leyenda que Averroes reflexionaba sobre Aristóteles escuchando el rumor de una fuente...

–Los andalusíes basaron su economía en la agricultura e hicieron un esfuerzo mayúsculo para construir nuevas zonas de regadío. Durante su expansión se impregnaron del conocimiento de Bizancio y Persia. Agujerearon Al-Ándalus para hacer pozos, cimbras y qanats y transformar muchas tierras baldías en zonas productivas de regadío. Algunas se mantienen casi inalteradas.

–¿Están sobreexplotados los acuíferos?

–Los ríos llevan agua todo el año, incluso cuando no hay nieve en las montañas o deja de llover; es el agua subterránea que se infiltró hace decenas e incluso miles de años en los acuíferos y que ahora se descarga lenta y continuadamente hacia los ríos. Si la sobreexplotación estuviese tan generalizada, no tendríamos ni una gota de agua circulando por los ríos. Tenemos acuíferos en mal estado, pero no son tantos.

–Doñana tiene la etiqueta de acuífero en peligro.

–El de Doñana es un acuífero con una gran cantidad de reservas en el que existen ecosistemas de alto valor. Una mínima variación del agua subterránea tiene un gran perjuicio. Los efectos de los bombeos limítrofes al Parque Nacional son conocidos, pero hay otros acuíferos en los que la explotación ha sido intensa y el descenso del nivel ha agotado manantiales, ha hecho que desaparezcan las aportaciones a ríos y ha cambiado la calidad del agua, haciéndola no potable.

–Eso parece grave.

–En una lista negra podemos incluir los acuíferos de la Sierra de Gádor, Campo de Dalías, los del Río Aguas, Sierra de Mijas, los acuíferos asociados a la Laguna de Fuente de Piedra, los acuíferos de la Loma de Úbeda, la Sierra de Bedmar, los acuíferos de la Sierra Sur de Sevilla, la de Estepa, entre otros.

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