Entrevistas

"Ojalá llegue pronto un Obama para los gitanos"

-Rompe el estereotipo de la gitana. ¿Cómo se definiría?

-Cuando me dicen que no parezco gitana yo digo que no lo parezco, sino que lo soy. Pero, sobre todo, soy una mujer comprometida que lucha contra las injusticias.

-¿Ha vivido algunas?

-Negarlo sería mentir, las gitanas están discriminadas por ser mujeres y pertenecer a la etnia. Pero en mi familia siempre hemos llevado la voz cantante las mujeres.

-¿Cuántas son?

-Tres hermanas. Mi madre siempre nos ha apoyado, me inculcó que debía luchar.

-Pocas gitanas de su generación han ido a la universidad.

-Hemos evolucionado. El 1% de los universitarios son gitanos y casi todos mujeres. Mis abuelas lavaban en el lebrillo, hoy ya no lo hacemos. Con la democracia todas adquirimos más libertad. Y, además, las gitanas somos muy echadas para adelante.

-¿Y no tiene aún el hombre más protagonismo? Siempre se habla del patriarca...

-Nosotros no usamos el término patriarca, sí personas mayores de respeto. Acudimos tanto al hombre como a la mujer con experiencia para que impongan la paz.

-¿La sociedad gitana es democrática?

-Es, sobre todo, solidaria y sus valores son admirables: el respeto, la familia...

-Quizás esos valores sean menos conocidos.

-Cría fama y échate a dormir... Sólo permanecen los estereotipos negativos. En los casos positivos se obvia que esa persona es gitana.

-Ponga un ejemplo.

-El padre de Mari Luz. Ha sido todo un ejemplo para toda España. Hay muchos como él, gente honrada y trabajadora. Pero sólo se destaca el estereotipo negativo y, al final, algunos gitanos acaban asumiéndolo.

-¿Les pasa eso a los chabolistas que andan nómadas por Sevilla estos días?

-Ésos no se plantean si sus hijos van a ser médicos, escritores o abogados. Ellos son responsables de su situación, pero nadie quiere estar en la miseria, también la responsabilidad de los gobiernos es atenderlos y no apoyarlos sólo por rentabilidad política.

-Se han intentado antes soluciones pero han fracasado.

-Primero necesitamos políticos y políticas que no se sientan incómodos por esas situaciones. Y necesitamos medidas específicas. Lo peor es que existen, pues en el Parlamento andaluz se aprobó un plan de realojos que está en un cajón. El chabolismo no se combate sólo con unidades policiales expulsando a estas familias. Eso, a ellos, les recuerda a las antiguas pragmáticas de los Reyes Católicos y ahora a las políticas de Berlusconi. Los gitanos son la minoría más perseguida en Europa y en la memoria genética de los chabolistas está ese miedo. Creen que se van a llevar a sus hijos. No saben qué hacer.

-¿El reto es saltar a la política?

-Sí. Yo entiendo que los políticos gobiernan para todos, pero algunos se olvidan pronto de las minorías. Como ha pasado en EEUU, ojalá llegue pronto un Obama gitano y, si es una mujer, mejor porque somos las protagonistas de nuestra revolución.

-Una revolución feminista.

-Empezamos con una asociación de universitarias y provocamos a todos los que no creían en la modernidad de la gitana. Luego nos asociamos en una federación y hoy somos un referente en España y en Europa.

-¿Los hombres lo entienden?

-Nos miran con recelo y con inquietud y cuando entienden que no le vamos a quitar el sitio a nadie, nos apoyan.

-La visibilidad se ha reducido siempre a los flamencos.

-Entre el artisteo y la marginación, que supone un tercio de los gitanos andaluces, hay muchos trabajando para acabar con los estereotipos, caldo de cultivo del racismo.

-¿Hay ahora más racismo?

-Estos días, por ejemplo, leemos y escuchamos comentarios sobre los chabolistas de Sevilla que son ultraderechistas... Hay mucho desconocimiento. ¿Qué es eso de la ley gitana?

-¿No hay una ley gitana?

-No hay una ley basada en la venganza o en el rencor, sólo hay unas normas de convivencia que se rompen y da igual que sean gitanos o no. No hay ley gitana, hay una ley de la miseria, de la pobreza, de la supervivencia.

-¿Dónde se aplica esa ley?

-En los guetos, donde no hay control, donde son los gitanos quienes lo establecen. No se les puede dejar de la mano de Dios. Hay mucho trabajo por hacer.

-¿Es optimista?

-Mi reto es que se reconozca la cultura gitana, no por caridad, sino por justicia. Los gitanos somos también andaluces. Sí, soy optimista.

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