Joseph Knox | Escritor "Habrá artistas felices, pero yo necesito la ira para inspirarme"

"Habrá artistas felices, pero yo necesito la ira para inspirarme" "Habrá artistas felices, pero yo necesito la ira para inspirarme"

"Habrá artistas felices, pero yo necesito la ira para inspirarme" / joaquín corchero

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Joseph Knox (Stoke-on-Trent, 1988) se ha erigido en un fenómeno de ventas desde la publicación de Sirenas (Reservoir Books, 2016), su debut literario. Tardó ocho años en poner en pie la primera aventura del detective Aidan Waits mientras encadenaba trabajos a tiempo parcial en bares y librerías. Ahora llega a España la segunda entrega, Sonrisa mortal (Reservoir Books, 2019), mientras que en el Reino Unido ya se ha publicado la tercera, The sleepwalker. El éxito le ha permitido mudarse a Londres, pero sigue ambientando sus novelas en Manchester, donde le partieron por primera vez "el corazón y la nariz".

-Su primer libro (Sirenas, Reservoir Books, 2016) fue un éxito. ¿Es peligroso dar en el clavo a la primera?

-El único éxito en el que pienso es el nivel de satisfacción con el libro. Las ventas y las críticas positivas son maravillosas, obviamente. Pero si te crees las buenas, también te crees las malas. De hecho, casi sólo leo las negativas, porque a veces, incluso estoy de acuerdo con ellas.

"Manchester es el escenario perfecto para la novela negra. Londres es demasiado pija"

-Ha reincidido dos veces más en la novela negra. ¿Cambiará de género en el futuro?

-Me gustaría escribir de todo, pero la verdad es que mi escritura tiene una sensibilidad oscura, por así decirlo. Es curioso, porque creo que en persona soy muy risueño. Supongo que canalizo mi existencialismo a través de los libros.

-¿De dónde viene esa oscuridad? ¿De su experiencia laboral en un pub o de cuando trabajó en una librería?

-Mi primera interacción con el crimen fue muy temprana. Crecí en Stoke-on-Trent, considerado el peor sitio para vivir en Inglaterra. Es una zona deprimida, aunque cuando eres un crío no te das cuenta de que eres pobre. Recuerdo mi conmoción por el hecho de que el padre de un niño de mi edad, un hombre sonriente y amable, fuera detenido por robo. Ese hombre perdió su trabajo y una noche cogió una palanca y asesinó a su mujer, a la que yo veía todos los días. Fue un golpe muy duro y creo que lo he trasladado a mis libros. La mayoría de los escritores ingleses han nacido ricos o han pasado por Oxford o Cambridge. Sus orígenes son muy diferentes al mío. Supongo que mis libros reflejan ira, un grito que surge de la nada y que les dice que aquí estoy yo.

-¿No habría sido más fácil canalizar esa furia a través de otra profesión?

-Tardé años en escribir mi primer libro porque tenía que ganarme la vida. Usaba la hora del almuerzo para escribir en vez de comer. No comer es una buena forma de estar enfadado. Pienso que ese libro es el fruto de llevar las emociones al punto de ebullición.

-¿La felicidad es incompatible con la escritura?

-Estoy seguro de que hay artistas que son felices. Pero en mi experiencia, la ira es la fuente de la creatividad. Cuando trabajas en algo durante años sin saber siquiera si se va a publicar, necesitas que algo te impulse, y no es precisamente la alegría.

-Aidan Waits, el héroe de sus libros, es descrito como un nuevo Philip Marlowe. ¿Quién le inspira?

-Cuando leí por primera vez a Raymond Chandler y a Dashiell Hammet sentí una revelación. De Chandler me encanta su estilo, ese baile con el argumento a lo largo de las páginas. Y parte de mi lucha con mi primera novela fue la búsqueda de ese estilo, emular esa sensación que tuve con sus libros.

-¿Cree que la novela negra está infravalorada?

-Algunos escritores ingleses están obsesionados con ser alabados. Para mí, esa gente no se merece reconocimiento. Prefiero disfrutar del número de lectores que ahora tengo antes que ser alabado.

-¿Es más difícil ahora vender novelas largas?

-Puede ser. Pero mi segundo libro -Sonrisa mortal, Reservoir Dogs, 2019- no podía ser más complejo y la gente se enganchó. La función de un escritor es agarrar al lector por los hombros y sacudirle. Al menos eso intento yo.

-Ambienta sus libros en Manchester, un lugar poco frecuentado por la literatura. ¿Qué ve allí que no tenga Londres, por ejemplo?

-Tengo una conexión personal con Manchester. Fue el sitio donde por primera vez me rompieron el corazón y la nariz. Es muy bello, pero también muy peligroso. Y sin embargo, tiene tres universidades. Es el escenario perfecto para una novela negra, donde conviven en el mismo sitio la bondad y la maldad, la belleza y la fealdad. Londres simplemente es demasiado limpia, demasiado pija. No tiene esa desesperación sobre la que intento escribir.

-¿Cuánto hay de usted en Aidan Waits?

-Es una pregunta difícil. Supongo que mucho. A veces pienso que es como la relación entre los perros y sus dueños. No sé si Aidan coge cosas de mí o yo de Aidan. No soy una persona tan complicada como Aidan, pero Aidan representa una versión más reflexiva de mí.

-Aidan Waits recuerda a dos grandes personajes de la novela negra británica: Bernie Gunther y Jack Reacher. Precisamente, Lee Child le pone por las nubes.

-Lee ha sido muy amable conmigo. Ve en mí algo de él. Escribe desde la ira, y viene de los márgenes de la literatura. Un día se sentó literalmente en la cocina delante de un folio y empezó a escribir. Se ha hecho un hueco por sus propios medios.

-Y ha escrito más de 20 libros de Jack Reacher. ¿Aidan Waits dará para tanto?

-Me da que me voy a dispersar más. Nunca he querido encerrarme en nada. Intento escribir cada libro como si fuera el último de mi vida. En estos momentos trabajo en algo que no está relacionado con Aidan. Y también estoy a punto de empezar una serie en Sky. Soy un escritor promiscuo y haré lo que sea por mejorar, incluso si eso implica que un día no escriba sobre un detective. Si me pongo el listón en 20 libros sobre el mismo tema, me voy a sentir atrapado en una ratonera.

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