Daniel Cassany | Doctor en Ciencias de la Educación y Dialéctica

“Hoy es más importante la ideología que los hechos”

Daniel Cassany. Daniel Cassany.

Daniel Cassany. / Lourdes de Vicente

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Estudió de crío en una escuela franquista “moderna para la época”, explica. Daniel Cassany (Vic, 1961) fue uno de los ponentes del encuentro La lectura en contextos universitarios. Un examen pendiente, organizado por la UCA. Doctor en Ciencias de la Educación y Dialéctica, es profesor titular de Análisis del Discurso en Lengua Catalana en la Pompeu i Fabra. Se ha especializado en investigar la comunicación escrita y ha publicado varios libros al respecto, como Describir el escribir, La cocina de la escritura,Tras las líneas o Afilar el lapicero.

–Imparte una charla llamada Contra lo falso. Una visión multidisciplinaria de la lectura crítica. ¿Por qué no hay una asignatura con ese nombre, directamente?

–Digamos que antes no se veía que la lectura crítica no fuera tan importante: se pensaba que todo lo que aparecía por escrito tenía un peso de verdad. Leer era, simplemente, memorizar la verdad. En los últimos tiempos, la práctica lectora ha cambiado a un ritmo frenético, y la escuela es un sistema que tarda muchísimo en adaptarse a cualquier cambio. Los cambios científicos a mejor son evidentes: todos tenemos una percepción bastante clara de lo que es estar bien salud. Pero, ¿una buena educación? ¿Qué es para ti una buena educación? ¿Qué es para mí? El acuerdo es difícil.

–Gran parte del grado de agresividad que vemos en foros o en redes sociales se debe a una falta de compresión lectora.

–Hoy día, pensar que leer es básicamente repetir en voz alta unos sonidos es tremendamente simplista. Era lógico hace cincuenta años, cuando vivíamos en la pobreza de la lectura y a nuestro alcance, realmente, existían pocos textos:la gente intelectualmente rica tenía libros, algunos tenían acceso a bibliotecas, pero no todos... Hoy día, podemos consultar todo lo que queramos sobre cualquier tema. Los medios de comunicación clásicos han perdido poder y han ganado fuerza las redes sociales, que no son estrictamente un medio informativo, pero han cambiado el campo. Pero antes también había mentiras, y también existía la necesidad de saberlas descubrir.

–Cuando en propaganda política se estudian ejemplos de Goebbles, nos parecen ridículos, además de atroces. Y, sin embargo, aquí estamos.

–Parece que no hemos cambiado mucho, ¿verdad?Hoy a ese intento planificado de confundir lo llamamos posverdad. Asumes que te han mentido tanto que hasta piensas que los hechos empíricos puedan estar manipulados o, directamente, no quieres que te enturbien tu perspectiva de las cosas, y te crees lo que haga falta.

–El sesgo cognitivo.

-El sesgo cognitivo es uno:buscas las teorías que apoyan lo que tú crees, por muy rocambolescas que sean. Otro, digamos que es un sesgo de carácter más empático, de pertenencia: que no te excluyan de un grupo. Y luego está la burbuja virtual: si alguien dice algo que no me gusta, lo silencio, lo bloqueo, con lo que parece que mi visión del mundo es la dominante. Hoy día, las ideologías son más importantes que los hechos reales. Esa es la explicación de que, contra toda lógica, siga habiendo negacionistas o creacionistas.

–¿De dónde nos ha venido todo esto?

–Pues muchos culpan al buenismo, a ese relativismo absoluto de que todas las voces merecen un sitio y deben al menos, explicarse, de habernos hecho resbalar hasta la situación actual: al final, se ponen a discutir, en la misma línea, la medicina la y la homeopatía. Sin embargo, los estudios muestran que parece que las fuerzas más progresistas dan más atención a los hechos empíricos, mientras que las más reaccionarias se aferran más a las emociones.

–¿El hábito de la lectura puede ayudar a desmontar falacias?

–Las falacias se montan sobre errores lógicos pero, más allá de eso, siempre que leemos algo hemos de tener en cuenta que hay una ideología, una mirada detrás. Ya no es como en el colegio: “Dime las ideas principales de este texto”. Muchas veces, no hay ni siquiera una idea principal, sólo ideología y relleno. La pregunta básica es quién escribe qué y qué pretende. Además, si alguien escribe sobre algo sustancioso, siempre va a haber alguien que opine lo contrario: no nos conmovemos por cosas que nos dan igual. Normalmente, un texto escrito invita al conflicto.

–Recientemente, ha salido esa nota que alertaba de las faltas de ortografía entre la comunidad universitaria. ¿Somos muy apocalípticos con los jóvenes?

–En la escuela se dice que no se fomenta la lectura profunda. Existen visiones un poco estigmáticas en el sentir común. Leer es realmente una ocupación muy difícil. Lo mismo te están hablando desde marcos completamente distintos, desde realidades completamente distintas, lo mismo estás ante un texto que no está escrito contigo en mente... A mis alumnos les digo que lo que hay que hacer es descubrir el elemento cualitativo: cómo distinguir un perfil falso de uno verdadero en Facebook, o el uso de publicidad incorrecta... Y todo eso está relacionado con una buena lectura.

–Con la lectura crítica.

–Incluso ese concepto ha cambiado: en los años setenta, se refería a la persona que sabe entender lo que no se dice explícitamente. Hoy tenemos otra mirada.El que lee tiene que tener en cuenta el marco, la ideología, la mirada que el autor tiene del mundo para en

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